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La mujer frente a la muerte

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La pregunta de si la sociedad prehistórica matriarcal, la era de las diosas, constituyó una estructuración humana ausente de violencia, aparece en un libro que leo por estos días con particular interés. “Al lado de las famosas figurinas femeninas se han hallado extensas muestras de canibalismo y de posibles rituales de sacrificios humanos (se refiere al período neolítico); asimismo, en muchas de las mitologías sobre las diosas madres, se rememora una etapa donde era común el sacrificio de animales y de humanos”, apunta el historiador y ensayista Juan F. Benemelis.

Sospecho, un tanto a manera de respuesta, que la convivencia entre la sensibilidad femenina y la “violencia” fue posible porque entonces, gracias a la mujer, la muerte era asumida con naturalidad y sabiduría.

Culturalmente hablando, el temor a la muerte irrumpe con el temor a morir sin ser reconocido “en vida”, esto es, irrumpe con la sociedad patriarcal. El afán de reconocimiento es sobre todo una necesidad masculina, alimentada desde la manada con la coartada de la preponderancia reproductiva, y me explico mejor: El macho, para poseer a las hembras, debía preponderar sobre el resto de los otros machos --y, consecuentemente,  de todas las hembras--: Debía ser reconocido como el más fuerte, o el más capaz, o el más apto.

Esta tendencia animal es detenida en el tiempo, hacia el período paleolítico, por una sensibilidad femenina que relega el miedo a la muerte desde la entrega a la vida. La mujer, más que dedicarse a preponderar, o a pretender preponderar, se dedica a vivir. De ahí lo de su sexto sentido. La belleza y la fecundidad no necesitan ser reconocidas: se imponen por sí mismas, Son en sí mismas.

Lo demás, con el viraje hacia la cultura patriarcal (más que viraje, regreso), y el surgimiento de las grandes religiones monoteístas –también patriarcales--, es otra historia, y ya todos la conocemos. Con el tiempo, hasta el propio género inteligente –el femenino-- fue contaminado (la inteligencia es existencial o no es, o es otra cosa: un eufemismo). Aun así, la mujer sigue siendo la única esperanza.

Comentarios (2)
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Comentario:
  • Manuel Gayol Mecías  - El impulso
    Muy bueno, me gustá. Creo que la mujer es y seguirá siendo la llave del presente y del porvenir. No solo en belleza, sino además en madurez, sensibilidad y resistencia. En muchos sentidos -sin querer, porque no lo soy, ser feminista- la mujer es el impulso de la vida. Gracias, Ilustrísimo. Un abrazo, Manuel
  • Armando Añel
    La mujer tiene la llave, como dicen en El Cerro. Gracias querido amigo, un abrazo
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