El libro aborda el siempre polémico tema de las regresiones y la reencarnación. Arelys Cubero, la protagonista en la actualidad, se somete a una indagación bajo hipnosis y en manos del autor descubre que en una de sus vidas anteriores fue Carmen Sylva, seudónimo de una reina rumana que fuera, a su vez, una de las plumas más importantes de su época. La historia está escrita en dos planos, el presente de Arelys y el pasado de Carmen, pero Fuentes se apoya una y otra vez en la atractiva historia de la reina para condensar la narración y darle perspectiva. Mientras, Arelys actúa como vehículo revelador:
“La propia Carmen Sylva en sus libros, en su profuso epistolario, e incluso en sus remembranzas, había dejado incompleto, por pudor o por cualquier otra razón, el mapa de su verdadero ser interno, es decir, la compleja urdimbre de los pensamientos y emociones que determinaron su conducta en la vida. Y esa suma de emociones, delirios, anhelos, satisfacciones por el deber cumplido, pero también las frustraciones, angustias y deseos reprimidos que cada noche se llevaba a la almohada, acaso sólo podían ser sacados a la luz mediante la regresión a vidas pasadas. ¿Qué le impedía ya a Carme Sylva desnudar su alma?” (p. 47).
Es sobre ese mapa del ser interno al que alude Fuentes que se estructura el libro, cuya trama entrelaza presente y pasado e incluye también a dos personajes masculinos protagónicos: El propio autor y Frank Lewis. Frank cierra la novela con una carta fundamental, que arroja luz sobre los pormenores de la historia que se cuenta y es luz en sí misma. Como se baña en oro la muerte de la reina, otra metáfora iluminadora para entender este libro insinuante y lleno de claves ocultas.
Las vidas de Arelys es un libro con muchas vidas: con múltiples lecturas e interpretaciones. La propuesta final del volumen incluye un cuento de la propia Carmen Sylva, a manera de epílogo, más una sección de fotos que pone al tanto al lector del aspecto real de los personajes desarrollados. Porque esta es una novela muy visual y, consecuentemente, muy vivencial. Que nadie se la pierda.
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