Como si estuviéramos leyendo un libro de autoayuda, cuyos textos abundan hoy en todas las librerías del mundo, La conexión deseo-realidad (Alexandria Library, 2013), del escritor José Lorenzo Fuentes, viene a testificar lo que denomino "balbuceos de un nuevo género literario que brota de la autogénesis esotérica de lo religioso": se trata ahora de acudir al sorprendente mundo de la simbiosis entre ciencia y religión.
Si en materia literaria (historiográfica, filosófica, antropológica y poética) hallamos cierta tendencia a dibujarse diáfanamente en cuanto a temáticas y necesidades existenciales se refiere



Un cuento de camino, por imposición, se interpreta como una entelequia desconfiada, frívola, y no interesa finalmente. Pero las reglas apalabradas, que muy asiduamente se amparan en la discrepancia, nos ofrecen excepciones a pesar del común denominador. Y aun cuando suene un tanto denso, es la vida --que no permite sujetarse a ese manojo de dogmas-- la que se encarga de subrayar lo que por su propio mérito fragmenta un razonamiento, y de lo abundante salta a lo peculiar.
Dentro de la gran ola progresiva, diligente, que constituye a grandes rasgos la secular narrativa cubana, Cuentos de camino (Neo Club Ediciones, 2013), del escritor Armando Añel, aparece como el insólito paréntesis de Gutenberg que trata de esquivar, con su llegada inesperada, la apetencia de los códigos convencionales dentro del espacio de lo posmoderno (entiéndase éste como ascensión positiva y no como una cultura non facit saltus). En el curso de veinte años, durante el tiempo en que fueron escritos estos relatos, el imperativo creativo del autor no se limitó a una conservación del espacio por el espacio operable
El libro Cuentos de camino, del escritor cubano Armando Añel, contiene relatos escritos en un lapso de 20 años, como se le explica al lector en la contraportada, y está dividido en tres instancias que señalan procesos narrativos diferentes. En “Cuentos de este lado” el narrador descubre la realidad fuera de su contexto social y cultural; en “Cuentos del otro lado” el narrador se distancia críticamente para revalorar un mundo conocido que no se soporta ni aquí ni allá; finalmente, en “Cuentos de ninguna parte”, las imágenes son la epifanía de un desgarramiento interior que suscita el escepticismo y que llega hasta el extremo de quitarle el sentido a un discurso predecible
"Para la filosofía –dice Bhagwa Shree Rajneesh en La alquimia suprema--, son muchos los problemas, infinitos. Para la religión solo existe un problema y ese problema es el hombre en sí mismo. No es que el hombre tenga problemas, sino que el hombre mismo es el problema".
Tener el coraje de ser opositor y periodista independiente en Cuba es un acto temerario que por lo menos te puede llevar a la cárcel. Pero si se es poeta, como en el caso de Luis Felipe Rojas, y se pretende abordar una realidad sociopolítica con una perspectiva estética, el riesgo es doble. Y no solo por aquella advertencia de Heberto Padilla sobre el peligro que corre el poeta cuando confronta la historia, sino también porque en poesía se requiere una mirada singular para abordar la misma y evitar caer en el lugar común y el panfleto.
Al estilo e impulso poético de un Robert Musil (El hombre sin atributos) y con el temperamento literario de un Hermann Broch (Los sonámbulos) llega por fin la "buena nueva" de la literatura cubana. Presidido por esa soberbia interpretación sobre la irrealidad del mundo, sobre la que Nietzsche afirmará que es probablemente "el hombre más independiente de Europa" y en la que creía haber sobrepasado y trascendido la embustera metafísica del mesianismo occidental, emerge ahora a la superficie de la ciudad letrada moderna la originalidad iconoclasta de
Casi todo lo que acontece en Cuba actualmente, en la esfera sociopolítica, se puede resumir en el ancestral mito que nos cuenta Fernando Ortiz en su Historia de una pelea cubana contra los demonios: el pueblo condenado y la voluntad impositiva del inquisidor. En esa misma dirección de pensamiento, Jesús Díaz, en un brillante ensayo en el que retoma como punto de partida el concepto de la "ideología demonológica" de la obra de Ortiz, reconstruye al paso de dos siglos la nueva historia embrujada de esa pelea, en la que el Estado impone el poder, la fuerza colonizadora ante la demonización del pueblo.
Hace poco el cineasta cubano Ian Padrón propuso otorgar el Premio Nacional de Cine, que entregan en Cuba las autoridades culturales, al actor Reynaldo Miravalles que reside en Miami. En otro momento, el escritor oficial Leonardo Padura opinó que el narrador y dramaturgo Abilio Estévez, que vive en Barcelona, debe ser reconocido con el Premio Nacional de Literatura. Por su parte, el ensayista y periodista Roberto Zurbano señaló durante la recién clausurada Feria Internacional del Libro de La Habana, que el poeta José Kozer, que reside en Estados Unidos, podría ser también galardonado en la Isla.
¿Y se lo preguntan? Una investigación histórica devenida en novela. Yarini ha llegado a Miami de la mano del escritor Miguel Sabater para hablarnos de un valor "existencial": La amistad. Sabater, alter ego de Miguel, escribió la novela sobre el rey de San Isidro, Flores par una leyenda, basado en el testimonio de un amigo común, el viejo Figueroa, amigo del legendario y controversial Yarini.
Es suficiente con pensar en Alfonso Reyes físicamente visto, o leer una página suya, clara siempre como el aguafresca, para reaccionar con una sonrisa, con una sensación de lo amable, lo fino, lo inteligente luminoso.
¿Con qué nivel llega la literatura de Miami a Zona Franca? Debo empezar por una advertencia, quizás soslayada hasta hoy, que dirigiera Reinaldo Arenas a sus lectores a propósito de la literatura exiliada: si algo nos separa y divide en una zona (espacio o esfera) que franquea el mismo objetivo, es porque no estamos aquí (fuera de la Isla) para contradecir los postulados de una literatura política y social referente al humanismo de la nación, sino para rechazar la forma como un Estado se apodera de los fundamentos literarios para tiranizar y manipular la cultura nacional.
El panegírico es una extensión de la jerga humanista. Hoy, cuando se considera que vivimos una etapa poshumanista, la lisonja viene a reforzar al inconsciente colectivo humanístico y al pasado apologético. Ya es casi un deber, estoico, protegernos de la diatriba literaria posnacionalista. Y nos gusta seguir en la misma misión emprendida hace doscientos años, cuando nuestros ilustres ilustrados fomentaron una literatura en función del amor y la amistad. Nos confesamos a través de los panegíricos como buenos seres humanos, como buenos representantes de aquella tradición patriótica.
Marja está de regreso. El poderoso personaje, protagonista o referente argumental de varios de los libros del escritor y periodista Manuel Gayol Mecías, vuelve a la palestra en una de las novelas más sugerentes y seductoras que los lectores tendrán la posibilidad de leer en este año 2013: Marja y el ojo del Hacedor (Neo Club Ediciones).
De Cuba traje hace un año un libro que desde entonces vengo leyendo a ratos, a saltos, y que me resulta difícil concluir. Quizás porque son muchas páginas (más de setecientas) escritas bajo un caudal academicista minucioso, que me impide condensar un tiempo y, lo que es mucho más valioso para mí, un espacio de lectura total. Se trata de un estudio crítico, tal vez el más exhaustivo que se haya realizado, sobre la obra del poeta cubano Eliseo Diego.
Confieso que cuando Armando Añel me propuso ser jurado del Primer Concurso de Narrativa Erótica “Los cuerpos del deseo”, me sentí honrado por la confianza. Pero lo que no sabe hasta hoy es que lo mismo tuve algunas reservas: el hecho de que se tratara precisamente de historias donde la falta de oficio puede transgredir una franja casi imperceptible, que te empuja a lo grotesco, me preocupaba sobremanera.
"En el diario de un historiador siempre quedará la memoria", reconoce el notable investigador inglés Edward Gibbon (1737-94) en Memorias de mi vida. Quedará la memoria cuando se enfoca como un concepto de la mente, no como un concepto del tiempo. Quedará la memoria cuando la mente se hace consciente de la decadencia como una ilusión de la historia. Gibbon se hizo consciente de su memoria, de su historia, a partir del reconocimiento de la decadencia y caída del Imperio Romano. Todas las memorias tienen que ver de algún modo con una decadencia y caída.
A cien años de su publicación, en 1913, el libro de Regino Boti Arabescos mentales sigue siendo un enigma literario. Dividido en varias secciones (Blasones, Ritmos panteístas, Alma y paisaje, Himnario erótico y Lirismos otoñales), ningún crítico hasta ahora ha captado la clave esencial que se proponía su autor para cambiar el rumbo de la poesía en Cuba y América Latina. Nadie lamentablemente se ha referido a que la poesía de Arabescos mentales lleva en sí misma un impulso esotérico, oculto, para llegar a traspasar, desde el sentimiento del individualismo, la personalidad y el carácter de un hombre arrogante y masificado por la sociedad.
Cabe destacar de un libro como Del sexo al amor (Alexandria Library, 2012), del escritor, periodista e investigador José Lorenzo Fuentes, la ciencia de vivir contenida en sus postulados, porque estamos ante un volumen que apuesta por la espiritualidad del ser. Parece una perogrullada afirmar algo así, pero no está de más subrayarlo teniendo en cuenta la frecuencia con que abordamos la literatura de Lorenzo Fuentes y lo relativamente poco que nos detenemos en las enseñanzas y pautas propuestas por él, al menos en el ámbito cultural en el que habitualmente nos desenvolvemos muchos de sus lectores, que es el cubano.
No existe estética, rango artístico, nivel de conciencia en la vida del hombre, como los de la musicalidad y armonía con que se desarrolla el crecimiento espiritual. Del sexo al amor es quizás la alegoría más profunda y significativa que un ser humano puede experimentar en ese orden estético y artístico. Desde luego, ningún texto literario y científico por sí mismo posee la musicalidad, la experiencia humana que impulse a ir del sexo al amor. Se trata de sopesar la diferencia en la estética vital que sobrevuela la estética textual.
Para mí, existe una literatura de baja calidad circulando por las librerías y bibliotecas del mundo. Muy pocos son los libros que me gustaría reseñar escritos por autores que residen fuera y dentro de Cuba. ¿Por qué?