Tan irónico es este Maurice, que la vida misma suele ser una ironía. No crean mucho lo que dice Maurice en esos relatos, porque no es ese su objetivo final como escritor. Quizás el seudónimo Maurice explique la verdadera intención de su creador; que los escritores se aburren de tanto escribir, al no tener contacto con lo existencial de la vida. Los escritores suelen ser tan sistemáticos y coherentes con sus escritos que quizás por eso nunca llegan a pensar en cómo debería ser su propia existencia. Nunca están pensando en sí mismos, la realidad cruda y desnuda, sino en lo abstracto y absoluto.
Los relatos de Maurice Sparks desembocan más, paradójicamente, en una estética que en una ética de la vida. Maurice prefiere que el lector tome conciencia de lo que “debería hacer” (ética), pero lo más importante es el placer por el texto (estética). Detrás de Maurice Sparks recesa alguien que está interesado profundamente en el punto de vista hedónico de la vida. Y es una conclusión lógica que su creador algún día explicará: “o lo uno, o lo otro”. Porque no se puede ser al mismo tiempo ni lo uno ni lo otro. No podemos tener una visión hedónica de la vida desde una perspectiva ética. Esa es la conclusión lasciva de la cristiandad. El hecho de tener una ética, una manera de cómo deberían ser las cosas en la vida, ametralla el sentido del placer. Condena al individuo a una falsa dualidad de la existencia.
Por eso Sparks aduce siempre que no es un escritor de envergadura, sino un “mediocre” que intenta expresar un punto de vista desde la cualidad de ser lector y no escritor. Espera que el lector se haga una idea propia, individual, de cada relato. Que goce y aprecie su facultad hedónica. Sparks nunca se toma en serio lo que dice. Porque la seriedad es el síndrome factual del escritor, el afán, el ego de siempre implantar una ética, una manera impositiva y desagradable de cómo deben ser las cosas para otros, sin mirar primero en su propia subjetividad condicionada.
Los relatos de Sparks liberan una fuerte dosis de ironía, lo cual es la base oculta de todas las historias relatadas. Hay una “comunicación indirecta” con el público lector desde lo erótico, lo sensual y lo inmaculado. Pero Sparks aboga por un salto: la ironía con que la humanidad ha vivido profundamente afectada por el “romanticismo” y la “continuidad histórica” debe tornarse una broma. ¡Qué clase de bromista es este Maurice Sparks! Cuidado entonces, porque “ni lo uno ni lo otro”, ni lo ético ni lo estético, son el fin en sí mismo para Sparks. Usted lector, al igual que Sparks, tómese todas estas categorías subyacentes en los relatos como una broma, pues de lo contrario seguramente nunca vivirá, nunca existirá como individuo.
Cuando todo era sistema sobre sistema, puse con esta categoría,
el Individuo, al sistema en el punto de mira de mi polémica,
y ahora ya no se habla de sistema.
Mi posible importancia histórica está absolutamente ligada a esta categoría
Soren Kierkegaard
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Maurice es probablemente un ser un tanto inmoral, pero profundamente ético. ¿No?
Pero no hay que tomarse nada en serio, ni lo ético, ni lo hedónico, ni la literatura misma.
Y en esto no hay ligereza ni pose.
Gracias de nuevo.