Pero también el paladar no tan especializado: la narrativa de Mesa clasifica “para todas las edades”, esto es, para todos los gustos y condicionamientos literarios. Sobre este libro, enmarcado en la realidad insular, puede decirse que se ve mejor cuando se ve desde afuera, como le pasa a ciertos ajedrecistas. El autor de El bronce vale y otras crónicas ve de lejos y encuentra la combinación perfecta para “matar la partida”: una mirada desprejuiciada y quirúrgica sobre “la patria” desgraciada pone las cosas en su sitio, a los cubanos en su salsa.
Alguien, superficialmente, podría esperar de Eduardo Mesa un enfoque narrativo más laudatorio, conservador o diplomático, dada su condición profesional: Fundador y coordinador de varias publicaciones relacionadas con la fe católica, el autor ha pertenecido a los consejos de redacción de las revistas Palabra Nueva y Vivarium. Pero no: este cuaderno desalmidonado se lee de un tirón, con agradecimiento, placer y fluidez. El bronce vale, pero también la ola, la graciosa calidez de la espuma sobre la playa.
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