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Literatura y Existencia

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El lenguaje último de la literatura es la Existencia. La literatura comienza con fenomenología, con el hecho, con lo que existe, con lo que se ve, pero la culminación, el florecimiento, la evolución, es la Existencia. Literatura y Existencia son una misma cosa, de unidad real, fuera del espacio y el tiempo. Decir que la literatura existe (la literatura rusa, inglesa, alemana, cubana, latinoamericana) es negar la  Existencia.  El realismo, lo mágico real, lo real maravilloso, lo metafísico real, entre otras denominaciones, son formas antropológicas del lenguaje literario.



La literatura hoy vive en su parto. La semilla se está abriendo lentamente, está en el crepúsculo, pero el fruto no ha dado luz de Existencia. La literatura en su mejor expresión aún no ha florecido. Ha recorrido un largo trecho, un largo tiempo, una antropología fenoménica, pero es aún un sueño del ego. La Existencia sigue esperando por ella, aunque ya hay algún asomo. La Existencia llama a su puerta con urgencia, pero la literatura que conocemos sigue aferrada  a los trajines del ego. Continúa atrapada en los va y viene del lenguaje y la técnica, al estilo del ego. La literatura como Existencia no es novelesca, ni cuentística, ni ensayística. Es poética: una unidad orgánica narrativa de la Existencia, del sueño cósmico.

La literatura habrá de morir para ganar su Existencia, el sueño trascendente. Es complejo entender teóricamente esta idea, pero tenemos señales, gestos que pueden alumbrar hacia lo informe y que nos permiten indirectamente asir sin idea lo inasible, lo cósmico.  Se me ocurre una indicación, un gesto poético resiente: Carolina Grau, del narrador mexicano Carlos Fuentes. ¿Por qué el hombre vive en una jaula, prisionero de sí mismo? ¿Por qué aun cuando el Conde de Montecristo lleva a vías de hecho su venganza sigue siendo un prisionero, un ser sin libertad, condicionado por la venganza? El hombre sigue preso en los sueños del ego. El hombre se ha visto obligado acudir a fantasmas para explicarse su separación de la Existencia. Carolina Grau es un puente, una imagen cósmica de la Existencia, un fantasma que da luz sobre lo que es la libertad. La literatura tiende a convertirse desde entonces en esotérica, en una búsqueda, no en una pregunta. Una búsqueda transitando por los caminos oníricos del hombre. En esa búsqueda, al final,  surge la Existencia, y la literatura florece. Y con este florecimiento desaparece el narrador.  Literatura y Existencia sin narrador.

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