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Decidofobia en Tercera persona

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Me permito leer Tercera persona (Poesía reunida, Ediciones Lulú, 2012), de Rolando Jorge, desde un enfoque contemporáneo, acorde a la mentalidad del pensamiento actual. Es decir, trato aquí de  visualizar la “tragedia” y el “desencanto”  (el conceptualismo) de un poeta que ha visto sucederse, en línea recta, todas las decadencias humanas, las de su religión, su filosofía y su moral.

Para mí, Rolando Jorge ha estado al tanto de cómo el temblor, el miedo (con Kierkegaad) a la existencia, ha creado una brecha insalvable al sentido de la religión. Ha visto que la metafísica, los sistemas (con Nietzsche) gnoseológicos, van negando la objetividad del pensar humano, y ha sentido que la moral (con Sartre) ya no es un sostén ético para la vida. Y es lógico que así se muevan las cosas desde una perspectiva del yo.

Ante esta situación de crisis fundamental y sistémica se eclipsa definitivamente la base ontológica y no aparece otra alternativa que el arte en sí mismo. El hombre se ve constreñido a una “tercera persona”. Se siente separado y no le queda otra cosa que apartarse de su inmediatez para fundamentar su nueva existencia ante la crisis de los paradigmas. Tercera persona es un libro, a mi modo de ver, que experimenta  la búsqueda desde esta distancia identificativa del no ser acerca de la existencia del Ser. Es para mí un neobarroco, o una vuelta al barroco, ahora desde la negatividad.

Antes era sumar para encontrar. Ahora, con Rolando Jorge, veo aparecer la dirección opuesta: negar para encontrar. Se trata de una poética de la negación, de ir decantando lo que ha sido adulterado y sobrepuesto además en el ser humano para abrir el espacio y la claridad. Es como si los versos en este libro se superpusieran los unos a los otros, como manos entre manos apartando, abriendo de forma escalonada, pero al mismo tiempo negándose a sí mismas. Es recoger lo viciado, el sesgo,  para abrir el espacio. De ahí que la tragedia humana en tercera persona se presente distante y se vuelva soportable.  

Virgilio Piñera introduce en su teatro (en Electra Garrigó) un elemento helénico, diría que coral, para sustentar la tesis de la que estamos hablando. Pero mi percepción en cuanto a esto es que ya la humanidad había perdido el interés por el mundo helénico y solo comenzaba a percibirlo distante, como antepasado mitológico. El mundo helénico no es creíble para el mundo actual. Aun así, un elemento se introducía; un elemento de la psicología del “yo” tan presente en el mundo helénico como en el de hoy: una manera de distanciarse pero sin estar fuera. De ahí que surja para toda época el concepto “tercera persona”. Es un elemento trágico también, porque el hombre aún no puede desprenderse de las garras del ego y la desgracia.  Tanto la religión como la filosofía y la moral tienen que acudir a terceras personas para sentir que algo posee sentido. En el individuo contemporáneo hay un esfuerzo por apartarse de la desdicha del “yo”, y en muchos casos sobreentiende que no hay una relación coherente con él, a no ser de pesimismo. Es el caso que veo en una figura notable de la intelectualidad cubana: Enrique José Varona. Su libro Con el eslabón constituye una crítica pesimista al “yo positivista”.

Pesimismo puede verse en este libro de poesía reunida de Rolando Jorge, pero muy bien refinado, culto. Porque, en verdad, la existencia no se puede comprender a través de una “tercera persona”, es imposible. Para la existencia, para la vida, no existe siquiera la “primera persona”. De modo que los personajes  y los discursos que brotan de cualquier relación humana, de este teatro que es la vida (sea en el mundo helénico, sea en el de hoy),  son tan solo artificios de la mente intelectual,  de la racionalidad, no de la realidad de la existencia misma. Por el contrario, la existencia llega al hombre cuando no hay “persona” de verdad, ni siquiera una segunda y una cuarta, cuando el ego en su existir verbal –yo, tú, el otro-- ya no está. Y ese es el momento en que el ego barrunta otra posibilidad: la negatividad de la relación.

Estoy persuadido de que Rolando Jorge nos ha dicho a través de su poesía reunida algo fundamental sobre el pensamiento ortodoxo; me parece que ha ido incluso contra un gran inspirador como Lezama Lima. Ha dicho a lo largo de este extenso libro que el hombre tiene miedo a ser libre en su naturaleza esencial. Ha despojado al paraíso de sus mentiras.

Desde luego, con la “tercera persona” también podemos aproximarnos a eso que Walter Kaufmann llama decidofobia, el miedo del hombre a decidir su propio destino. Es decir, que desde la “tercera persona” el miedo puede ser  menor aunque no deje por ello de ser angustia, temblor, un ansia por la búsqueda barroca, sin fin, del Ser.

Rolando Jorge ha estado escribiendo poemas durante los últimos años, inmerso en esta búsqueda de la existencia, desde una tercera persona, desde lo que él percibe que no es. Mirándolo de otro modo, al autor no le cabe pensar en el “yo” y el “tú” para desarrollar una búsqueda sobre eso que está más allá de la relación dual. La decidofobia resulta un mal de nuestros tiempos y creo que como tema toca todos los ángulos de la poética de Rolando Jorge. Y no creo que nadie pueda estar ajeno a ello. La contribución de Rolando es muy importante ahora que la literatura se pierde en los placeres táctiles del ego.

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