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La noche del desengaño

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La noche ancha (Ediciones Trea, S. L., 2010) no es un texto donde predominan  las crónicas de guerra, no es una autobiografía, tampoco una novela, mucho menos un relato largo. Ni siquiera  periodismo tratándose de quien escribe, un periodista. Es literatura orgánica. Es parte y al mismo tiempo un todo literario. Tiene vida y alma como escritura. Si a eso se le llama escritura de exilio no importa el nombre. Importan la visión y el desgarramiento con que su autor, José Ramón González-Regueral (El gallego Regueral), ha escrito los diversos textos que componen la obra.

La noche ancha es para mí una metáfora acerca de un modelo, un sistema de escritura donde se vierte la sensación de cómo soportar el vacío existencial, la angustia de vivir el peligro. De cómo por un momento sentirse vivo y radiante.

Esas lagunas que señala Regueral en su introducción, y que se desplazan como señales ocultas referentes al misterio que es la vida, cubren todo el texto con una insoportable levedad. Están ahí para llamar la atención del lector; llamadas a reconocer, dentro de su conceptualística, el vacío de la plenitud, el sosiego de la aventura. Estas lagunas no son únicamente eslabones para una metafísica revolucionaria, idealista, sino también para captar una existencia oculta, no vivida, que en un futuro estará esperando para vivirse plenamente. Pero ese reclamo hace de La noche ancha un texto profundamente suicida, complicado y al mismo tiempo valiente. Es el suicidio de quien fue un revolucionario, un luchador por la justicia social y de quien, también por convicción quijotesca, intenta comunicar sus aciertos y desdichas. En ese sentido, Regueral es un aventurero a lo dionisiaco. Prefiere vivir antes que morir en las garras del pensamiento sin acción. Echa a un lado sus dotes  intelectuales y se sumerge en su verdad contemporánea.  

El título del libro es muy simbólico. ¿Por qué eso de la noche ancha? Heidegger dice que el mundo es tan ancho como el tiempo que trascurre en él. En el mundo hay un portentoso espacio traducible al “yo”.  Y Regueral retoma esa simbología para imaginar su destino, recuperar el espacio que antes no tenía para conducirlo a la libertad. ¿Qué libertad? “Era la noche del mundo, donde me estaba colocando de rondón, buscando a tientas los codos de millones de compañeros….”. Quizás este acto simbólico lo convenció de no suicidarse nunca. Dice en unas de las páginas del libro: “Yo no me suicidé aquel año porque no pude convencer a nadie de la conveniencia de un suicidio europeo…”. De ahí su fascinación por las guerras en tiempos revolucionarios.

La guerra para Regueral era pasión de orden primordial. La guerra era su vida. Resultaba como una subjetividad encarnada en su propio corazón. El libro destaca la impresión de tres grandes momentos de su vida, al participar en la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Civil Española y la Revolución Cubana de 1959.

¿Cuál es el mensaje de este libro? La noche ancha es un gran sueño literario aún por vivirse plenamente, conscientemente. Es una broma colosal, pero literaria. Yo creo que Regueral se fue riendo irónicamente de lo absurdo que son las guerras y sus momentos cumbres, y de que todas las ideas revolucionarias terminan en el fracaso y el desengaño. Ese es el mensaje.

Comentarios (5)
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Comentario:
  • Delio Regueral  - Agradecido
    Una noche te hablé del amor por mi viejo y de su obra inmortal comparando el beneficio universal de sus descubrimientos científicos con el perjuicio hereditable de su literatura. Creí que no entenderías nada de mi interminable e inevitable exposición sobre mi versión relajada en las evidencias de su vida y muerte, de la de mi fuente de ADN.
    Me equivoqué, en tu mano viajó esa noche su novela y hoy renace su sacrificio con tu critica. Ya celebraremos.

    Delio Regueral.
  • du ma
    hermosas palabras
  • Madeline Regueral
    No puedo evitar anotar ciertas cosas.
    Primero. La introducción a la edición de Ediciones Trea no la escribió mi padre sino, casualidades de la vida, José Ramón González, profesor de la Universidad de Valladolid --que no tiene ningún parentesco con la familia Regueral--, y fue quien promovió el proyecto de reedición. Me habría encantado, pero había muerto poco más de un año antes.
    Segundo. Mi padre odiaba las guerras. Vivió tres y se involucró en ellas porque era un tipo con la costumbre de tomar partido, porque era un aventurero y porque en cierta medida no le quedó más remedio.
    Tercero. Era un vitalista, no un suicida.
    Cuarto. Fue un hombre de izquierdas comprometido y, a lo mejor con cierta amargura, nunca perdió la ilusión.
    Quinto. No creo que La Noche Ancha sea una broma colosal. Es la historia de una vida, digamos que convulsa.
    Sexto. Del resto no entiendo un pijo, pero confieso que eso del "vacío de la plenitud" me tiene pensando todavía.
    No obstante, agradecida. Yo también.
    Madeline Regueral
  • Callejas
    Totalmente de acuerdo con la apreciación de señora Madeline. La obra de Regeral es un enigma, y como tal, su lectura es apasionante. De esa pasión con la que escribe sus crónicas, "La noche ancha" es un modelo biográfico, aunque en ella subyace la "literatura orgánica". El sentido de “suicidio” que evoque en la reseña no es sobre la muerte, sino la de un espíritu.
  • Ariel
    queremos saber donde se puede comprar el libro
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