“En otros estadios tocan, tocan y tocan y la gente disfruta, pero aquí (en el Bernabéu) tocas, tocas y tocas y la gente te pita”. Ha sido la última perla del entrenador portugués. Y para colmo tiene razón. Mucho toca toca pero si Messi no anda fino o Xavi Hernández pesca un catarro, el tiki-taka del Barcelona se queda en agua de rosas, o poco más. El fútbol, más que de la triangulación y la coreografía, sigue dependiendo de la efectividad y el gol. Quien quiera arte que se vaya al ballet.
Cuánto estruendo en derredor, lamentará Guardiola. La victoria del Real Madrid contra el Levante este domingo (4-2) cierra el famoso ciclo catalán, o lo acorta. Y el sábado dio la impresión que los Messi, Puyol, Fábregas y compañía tiraban descaradamente la Liga. ¿Por qué? ¿No quedaba suficiente tramo por delante? ¿No dicen que el Barca es el mejor equipo del mundo? Tras la demostración del Osasuna, las declaraciones de Gerard Piqué el viernes, vía Twitter, más que a fanfarronada huelen a bluf.
Parece que una plantilla tan corta como la azulgrana, plagada de centrocampistas juguetones, ya no está para perseguir a un Real Madrid en plena estampida. Y se reserva para la Champions League.
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