Holanda funcionó bien durante los primeros compases del partido de este domingo. Robben creó peligro por su banda e incluso Van der Vaart marcó un gol precioso en la escuadra portuguesa. Pero la otrora naranja mecánica estaba marcada para morir. CR7 comenzó entonces su recital de pases, carreras y misiles a puerta, y ya no hubo manera de parar el vendaval lusitano.
Dos goles, dos palos y varios pases de gol se llevó en el saco CR7, que demostró en este partido decisivo su condición de futbolista total. Mete el miedo en el cuerpo de sus rivales desde todas las bandas y hacia todos los ángulos, yendo hacia dentro y saliendo por los bordes, en carrera a toda velocidad y a balón parado, de cabeza y con ambas piernas. El Balón de Oro vuelve a posarse en su órbita con esta demostración demoledora, que certifica además que los baches de Cristiano nunca son demasiado hondos. Le pasa como a Messi: sus rachas negativas apenas duran dos o tres partidos. Seguramente, con la excepción de Alfredo Di Stéfano, el portugués es ya la mejor inversión de la historia del Real Madrid.
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