Si todavía habláramos de alguien cuya labor artística hubiera trascendido fronteras, géneros y politiquerías… ¿pero una señora cuya obra ha estado milimétricamente al servicio de la exclusión, la división y el abuso? ¿Una señora cuyos escasos “hits” han servido exclusivamente para acompañar las andanadas de los oportunistas y los represores? Verdad que no se entiende el despliegue.
Uno lo puede explicar en el sentido de que la agobiante crisis que afecta al sector periodístico obliga a muchos diarios a recurrir a notas de agencias de prensa desorientadas o de coyuntural tendencia procastrista (como AP), sin siquiera editarlas, o incluso a redactores ajenos a la realidad local. ¿Pero no hay por ahí siquiera un triste jefe de redacción que dé cuenta del despropósito? Se murió, sí, pero todo el mundo se muere (o al menos eso parece). ¿Va a resultar que la muerte justifica la represión y la mediocridad?
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