El poeta cubano Juan Carlos Recio (Santa Clara, 1968) reside en Nueva York desde el año 2000 y ha publicado, entre otros, los poemarios Sentado en el aire, La pasión del ignorante y El buscaluz colgado, premio Ciudad de Santa Clara en 1990. En 1991 obtuvo también una primera mención en el Premio Julián del Casal de la UNEAC con su poemario inédito Hay un hombre en la cruz.
Recio tiene inéditos también los poemarios Para matarlos a todos y Yo soy el rey Juan Carlos. Actualmente edita el blog Sentado en el aire y trabaja en su primera novela.



Según Herbert Spencer, “la risa es el síntoma de un esfuerzo que de repente se encuentra en el vacío”, mientras que para Kant “la risa nace de algo que se espera y de repente se convierte en nada”. Siguiendo esta línea de pensamiento, y atemperándola al proceso totalitario que desde la segunda mitad del pasado siglo ha padecido Cuba, podría concluirse, con Bergson, “que la risa es, por lo tanto, un gesto colectivo con el que se subraya y reprime una distracción especial de los hombres y los acontecimientos”.
¿Puede el cubano trascender su propia historia? ¿Puede olvidarse de sus héroes y sus mártires? Para eso tendría que cambiar su vida. En otras palabras, ¿puede el cubano convertirse en un atleta, en un fisicoculturista de la historia? ¿Puede pensar que todo lo que ha venido haciendo en materia de sociología y espiritualidad no es más que un juego atlético?
Guasabito Miranda siempre ha sido mi ecobio, en Cuba criábamos palomas y gallinas para surtir a todos los santeros del barrio. Nunca me dio la mala en los negocios y en el momento que decidí pirarme me llevó en su almendrón hasta el Mariel, le estoy agradecido por eso y por otras cuestiones que harían largo este cuento.
¿Qué es lo que retorna históricamente en Cuba, una y otra vez, desde el origen de la nacionalidad? He estudiado casi todas las formas solidarias, simbólico-imaginarias y espirituales del cubano en el trascurso de dos siglos, y no hallo entre ellas una mejor tendencia aglutinadora que la del "retorno de la salvación". Pero no de la salvación como eslogan ético y moral, sino como un ejercicio de campaña en medio de un combate en el que discurre un discurso sin fronteras.
El surgimiento del periodismo independiente en Cuba data de finales de los años 80 del pasado siglo. Una eclosión de pequeñas agencias se abrió paso por toda la isla, estableciéndose como centros puntuales para, por primera vez después de 1959, construir la información desde los hechos sociales. Esto es ya democratización en el nivel de la opinión, independientemente de que su primer impacto se limite al espacio simbólico y al mundo exterior. A partir de aquí se rompe el monopolio estatal en la emisión informativa.
A diferencia del tema abordado en Ser y tiempo, la obra magna de Martin Heidegger, Ser y espacio (que todavía no es una obra en sí) no establece contraposiciones respecto a los objetivos y tópicos de ese tratado filosófico, sino una "novedad" en el sentido estricto de la divergencia anunciada antes. Si en Ser y tiempo el "tiempo" asienta la finitud del ser y el hombre enfrenta la certeza que es la muerte –lo cual provoca, hasta la llegada de la modernidad, la construcción (o materialización) de un discurso de larga duración que desemboca en elegir estados simbólicos para protegerse de esa certeza--, ahora, en Ser y espacio, el "espacio" permite al hombre crear la "materialidad del ser".
La "patria" es una constitución simbólica pasada de moda. La palabra sigue usándose y evocándose en todo momento, pero ya no tiene el efecto inmunológico social y cultural (de formulaciones existenciales) con que fue instituida en su momento. "Patria" es hoy solo una palabra hueca, sin contenido o significado alguno, que se menciona con el único objetivo de evocar el pasado y rememorar la historia. Es hoy, considerándola un apetito melancólico ante la pérdida de la esperanza y la utopía social, una palabra fantasma. Lo que está sucediendo, según presagió hace un par de décadas Fukuyama, no es el "fin de la historia", sino el "fin de la patria".
Si algo caracteriza globalmente al espíritu de la época moderna (incluso al momento específico en que nos encontramos hoy) es que no trasciende el límite de un "cinismo difuso". En su ya clásico estudio Crítica a la razón cínica, P. Sloterdijk expone, al menos, un par de variantes de peso que explican en qué consiste esa característica: 1) el cínico aparece como un tipo de masas, 2) el cínico destruye todo tipo de riesgo ante la crítica pública. Lo que encontramos hoy en la palestra pública no constituye más que un archivo indefinido, incompleto, donde se viene almacenando un rosario de burlas contra los discursos ideológicos, cuyas sátiras se dejan ver mediante coqueteos pueriles adjetivados por el pensamiento abstracto.
Ya está en Amazon Para dar de comer al perro de pelea (Neo Club Ediciones, Miami 2013), el primer poemario del escritor cubano Luis Felipe Rojas publicado en el exilio. “Un cuaderno cargado de giros e imágenes sorprendentes, pero también de una violenta ternura: poesía sujeta a los avatares de la opresiva realidad vigente en Cuba pero que, sin embargo, echa una mirada festiva sobre los hombres y las cosas. Rojas es uno de los poetas más destacados de su generación, y en este libro lo demuestra con creces”, puede leerse en la contraportada.
La vía por la cual en Cuba, en los días que corren, se ha abierto el debate acerca de un posible espacio cívico para hablar del posnacionalismo viene dada, fundamentalmente, porque en el fondo subyace el desarrollo de un discurso trunco sobre el "nacionalismo eugenésico".
“Todo por la Humanidad, nada contra la Nación”. Era el lema patriótico del gran poeta Fernando Pessoa. Su pensamiento poético (véase nota autobiográfica) abogaba por un nacionalismo místico, desprovisto de filtraciones católicas, el mismo cristianismo que soñaba José Martí para la nación cubana con su archiconocida frase “patria es humanidad”. El gran poeta portugués escribía pequeñas cartas y ensayos a partir de heterónimos para retornar a la religión y a la literatura clásica, a la genealogía literaria.
La Habana un crucero. Los cruceros son atractivos barcos cuya finalidad consiste en ofrecer viajes que tienen la mágica virtud de infundir en sus pasajeros sensaciones paradisíacas.
Cuando el gobierno al frente de la triunfante Revolución Cubana propuso El Quijote como primer libro a publicarse, inauguraba con ese gesto simbólico, canónico, el renacimiento de un humanismo (neorromántico) que veía fallecer ante sus ojos la esencia del humanismo tradicional. Tal y como lo explica más de una opinión, en esos años de posguerra, a nivel internacional, ya era insostenible e imposible que una "bibliofilia" pudiera mantener la comunicación estable para una síntesis política y cultural de las naciones en desarrollo.
¡Soy el creador del contexto del libro, de la comunicación mediante la escritura, de las ideas y utopías históricas hiperbolizadas por la sensación y el amor, pero no puedo llegar a convertirme en yo mismo, en la creatividad! Un fantasma ha de corroer la vida y apretujar al espíritu que se desliza lacónicamente hacia al futuro, como se desliza el espejo de la imago hacia los conceptos de cierta realidad escenificada en forma de teatralidades trágicas, pero distraídas al vuelo de la resurrección. Martí pudo intuir sin desvelo, con la mirada fosilizada en el mundo, lo que el cuerpo de Apolo sufrió en su destrucción.
Dice que es demasiado maricona para leer poesía, y que 30 años casada con un ruso, poeta imitador de Pushkin, la han incapacitado. “Hace un tiempo quise revelarme y leerle algo diferente; tomé Tres tristes tigres, pero su lenguaje me recordó cuando este hijo de la gran soviet --lo dice mirando, sin expresar amor, al viejo sentado sobre la silla de ruedas--, este machito de lengua inmetible, su pendejera debajo del brazo y su aliento a Vodka, llegó por Bayamo. Yo era entonces una adolescente que me preparaba para vivir en cualquier otro mundo, y este rubio de barba picada debió parecerme un rebelde que en vez de la Sierra Maestra venía de alguna galaxia
No bien el ruido del teléfono me despertó, lo primero que me vino a la mente fue una soga capaz de soportar todo el peso de mi cuerpo. Vi la hora, serían pasadas las cinco, pero no entendí, así de pronto, el tiempo.
De este hombre no se sabe mucho pero te puedo decir la verdad sobre él. Era transparente como un hueco. Y todo lo que vaciaras sobre él ya no estaba. No estaba para contar nada. Eso me dijo Menelao, un viejo residente del pueblo que había escuchado de sus andanzas por allí.
El leitmotiv de José Martí, quién lo duda, fue la libertad de Cuba. Martí confesaba que sólo era intransigente en lo tocante a la libertad de la patria. Pero queda desafiante la pregunta: ¿qué era la patria para Martí?
Érase que los amantes fogosos, en pos de placer de hijares y escapes de humores en continente, con luz de luna y andar rumboso encaminabanse a la casa de desfogue amoroso de la comarca, famosa por sus esforzados lechos, aguas fluyentes y magro candil. Molidos de tanto mal transporte público, faena compulsada a voluntariedades y poco numerario y condumio, ilusionaban de pasar las nocturnales aunque fuere un poco mejor, dando mucha linga y roce a sus partes pudendas.
Cuando Mauricio Samsa despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso escritor publicado. Estaba tumbado sobre su espalda sudada, extrañamente pegajosa y, al levantar un poco la quijada, descubrió una incipiente barba en forma de arco, cuyo perfil le recordaba indefectiblemente la de aquel poeta petulante, insoportablemente creído, que en el pasado le hiciera la vida un yogurt. Sí, era aquel tipo, Troloberto el Indignante, ridículamente de vuelta en medio de la noche como una aparición imposible, desdoblándose en él, volviéndose –horriblemente, implacablemente— él.