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Heriberto Hernández o la tontería investigativa

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Richard de Mille, uno de los antropólogos seguidores de la antropología cultural norteamericana, hizo toda una acuciosa y larga investigación  --Castaneda's Journey: The Power and the Allegory  y The Don Juan Papers-- para demostrar que la obra de Carlos Castaneda, Las enseñanzas de Don Juan, era un embuste científico. ¡Y lo logró! Paso a paso, a lo largo de sus libros, fue demostrando lógicamente que científica y materialmente el personaje de Don Juan no había existido. Buscó por todas partes la prueba material de su existencia, pero las evidencias dejaron claro que Don Juan era una invención de Castaneda.


Traigo a colación este ejemplo de “tontería investigativa”, de “rectificación de errores”, porque el propio Mille reconocería después que fue la influencia de Las enseñanzas de Don Juan la que le dio el mejor entendimiento para acercarse a la contribución de la contracultura en los procesos de la evolución espiritual.  Se dice que Mille comenzó a coquetear con el chamanismo. ¡Qué ironía la de la Historia! ¿Para qué le sirvió la ardua rectificación cuando después fue seducido y absorbido por la magia de Don Juan? Es que a veces, o casi siempre, resulta la ficción la que mejor orienta el camino en el crecimiento intelectual; mejor que cualquiera prueba material y empírica. Desde luego, esta es la desdicha del trabajo intelectual, del estúpido intelectual, que trata de buscar la aguja en el pajar. Se embebe de rectificaciones para morir después de desengaños.

Heriberto Hernández es uno de esos intelectuales que intenta colocar también la jugada de la “tontería investigativa”, de la “rectificación de errores”. Acaba de colgar en su blog, La Primera Palabra, toda una diatriba –Sobre la “premura” y el “retraso”: una rectificación-- para demeritar mi ensayo publicado en Neo Club Press, “Psicoanálisis vs poesía”. Desea demeritarlo porque él sabe, en el fondo, que su “poesía” es una larga imitación de ese proceder freudiano. Se siente aludido y desenmascarado.

Acude a rectificar una errata y a malentender los giros y alegorías del lenguaje para tapar su falsedad como poeta. Ya estoy viendo como este tipo de énfasis hace efecto en el trabajo intelectual. Ojalá Heriberto termine por comprender a Lawrence, que fue un gran poeta y cuyas novelas eróticas no estaban por apoyar la patología del sexo, las investigaciones de Freud, sino lo sublime, lo espiritual del sexo. Lawrence contrapuso al concepto freudiano de “patología sexual” el concepto de “sexo espiritual”. Desconociendo esto último, hay toda una poética como la de Heriberto, llena de patología sexual, de banalidad y de murmullo.

La psicología y el mensaje de Charlot son antifreudianos. He usado la imagen de Charlot sólo como un ejemplo, como una ficción. Pero gente como Heriberto, que se pasa la vida poniendo adoquines en forma recta, lineal, necesita de la literalidad.

Por favor, no me interpreten literalmente. Lo que importa no es si la carta de Freud existe o si Lawrence estuvo influenciado por el psicoanálisis. Importa el impulso poético del lenguaje. Importa que Heriberto trascienda todas esas sandeces que deja plasmadas en sus poemas. Si mi ensayo lo ha motivado a rectificar errores y a hacer ciertas aclaraciones infundadas contra toda prueba material es porque algo de mi poética ha caído sobre él. Lo ha movido del cliché del año que culmina. Algo parecido le sucedió a Mille allá por los años setenta.

http://angelcallejas.wordpress.com/

Comentarios (2)
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Comentario:
  • Alberto
    En un aparte del tema principal, lo que mueve a risa en este caso es que Heriberto pretende actuar como la “justicia” castrista, queriendo obligar a Callejas a demostrar su inocencia. No, fiscal Heriberto, eres tu el que debes aportar pruebas que demuestren su “culpabilidad”. Es como funcionan las cosas en los países normales. Y digo esto claro si queremos entrar en la bobería de la “rectificacion de erratas”, que en definitiva no es lo importante.

    Ya estan en la media rueda y es asombroso como estos “poetas” e “intelectuales” siguen en su bobería de perseguir sombras escurridizas. “El albañil de las palabras”, como lo caracterizara cierto blog anónimo. Junta palabritas. Y Regueral lo retrató.
  • Estrada.
    Da gusto leer a Callejas. Aplasta a Heriberto con una tremenda belleza. Bien merecido.
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