Es por ello que hablar, pensar y expresarse en cualquier coordenada imaginativa da sentido a la razón. Que es como estar –a falta de una mejor denominación-- atemorizado por miedo a la muerte. ¡El miedo a la muerte mata! Mata y acaba con la razón, con la idea, sin que haya, en una pretendida manipulación per se, razón. El hecho estriba en que a medida que manipulamos lo razonable, lo justo, el silencio se impondrá como contrapartida, como salvación y equilibrio. Contrapunteo, desde luego, que viene a ser parte indispensable de ese sostenido y controversial miedo a la muerte.
Por alguna razón, entre tantas cosas que rodean la certidumbre humana, en la dificultad ineludible de existir, el sujeto metafórico se ve obligado –ya no en ciertas circunstancias, sino en todas-- a renunciar a sus mitos, a dejar a un lado sus bellos descansos. Ambiguo será, habida cuenta que por conjunción reglamentaria ante ese miedo a no existir el sujeto permanecerá inútil y al mismo tiempo sosegado en la penumbra visible de la muerte. Ese es un gesto de indolencia aun no reconocido del todo, debido a que los sujetos metafóricos estarán siempre atemorizados por el propio miedo a la muerte. Miedo que, a solicitud imaginativa, hace posible que aparezcan, subrepticiamente, las mitologías como medio de vida. Por miedo a la muerte, la vida ha llegado a ser una mitología de Perogrullo. ¿Por qué?
El miedo al silencio que mata da esa posibilidad. En estos días de silencio y ausencia la realidad se me ha revelado como una mitología de Perogrullo. Lo autoevidente del mito, de la mentira de vivir, cosa que ya es un hecho cimentado en nuestra estatura sobrenatural --al menos así lo veo--, se debe al miedo a dejar de ser una isla, que en la otra condición de existir a la que estamos expuestos todos los días es potencia, voluntad abusiva para crear la envidia. El engaño viene a través de una literatura que no es literatura, sino instinto de vivir bajo la tutela de un nfumbi. Y esta composición pedestre de vida en la que estamos sumergidos cada día –de sobrevivir a costa de envidiar-- ha dejado de ser una apariencia para convertirse en una realidad: la realidad de la posibilidad del sujeto metafórico/nfumbi.
Miedo tras miedo, desde las circunstancias que sean, el sujeto metafórico es ya un nfumbi separado de Dios. En esa separación se crean todos los miedos y todas las envidias.
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Miren lo que encontré.
"I think the poetry might well do a better job of persuading those very sceptics he’s trying to convert."
http://thelonggoodread.com/2012/05/31/michael-sandel-we-need-to-reason-about- how-to-value-our-bodies-human-dignity-teaching-and-learning/