--¿Viste –se acercó el Gran Jefe— a alguien interesado en nuestro carnet del partido?
--Sí mi Jefe, vi a un miembro del Partido Demócrata interesado en nuestro inmortal partido.
A lo que el Gran Jefe replicó:
--Ya, eso lo sé, y tú conoces bien cuál es nuestra estrategia al respecto… así que calla y que nadie más sepa sobre este asunto. Pero ahora dime, ¿viste a algún que otro contrarrevolucionario merodeando por allí?
--No mi Jefe, no vi a nadie de esa estirpe por allí.
El Gran Jefe, molesto, dijo:
--Eso también lo sé, y quiero que tampoco se conozca. Pero ahora dime otra cosa: ¿conociste a alguien que dudara de la Revolución?
--Eso sí que no sé, mi jefe, pues allí todos dudaban de la Revolución.
--Pues bien --dijo el Gran Jefe con voz de trueno--, está claro que eres un individuo con problemas ideológicos. Eres uno de esos que dudan, y eso también lo sé. ¡Pero que nadie lo sepa, por favor!
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