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Curiosity y la colonización espacial

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El robot Curiosity aterrizó este lunes en Marte sin mayores dificultades, tras un viaje de 567 millones de kilómetros. Estamos ante el explorador más complejo enviado por la NASA al espacio y su objetivo es encontrar rastros de vida durante los próximos dos años. Para ello cuenta con un Laboratorio Científico Marciano (MSL) compuesto por una decena de instrumentos de análisis para examinar el suelo, las rocas y la atmósfera, que incluye un láser para pulverizar fragmentos de rocas y un instrumento diseñado para detectar compuestos orgánicos.

Se considera que las dos lunas pequeñas de Marte, Fobos, de 20 kilómetros de diámetro, y Deimos, fueron asteroides capturados por la gravitación marciana. El planeta cuenta con montañas cinco veces más altas que el Monte Everest y es barrido frecuentemente por tormentas de arena. Cuenta con una atmósfera menos densa que la terrestre y geológicamente es un cuerpo celeste más viejo. En la atmósfera marciana no se acumularon importantes cantidades de vapor de agua, aunque sus casquetes polares contienen enormes porciones de anhídrido carbónico y de agua.

En 1980, diversas exploraciones con radares arrojaron que bajo la superficie marciana existían mares de agua líquida. El pequeño campo gravitatorio de este planeta impidió que retuviese sus gases ligeros. En contraste, los cálculos más recientes muestran que la inclinación de Marte cambia drásticamente en pocos millones de años.

Las dos empresas más importantes que hoy se plantea la humanidad resultan salir del planeta Tierra para colonizar la mayor cantidad de espacio posible, y evitar nuestra destrucción en el proceso. La colonización del espacio es el siguiente paso lógico en nuestra evolución como especie, y Curiosity es sin duda una avanzada; estamos obligados a realizarlo en los próximos siglos, utilizando los recursos naturales a nuestro alcance, valiéndonos de la ciencia y la tecnología que dirigen la evolución de las especies terrestres, incluida la nuestra.  Es un trance igual en magnitud al que condujo a nuestros antepasados, cuando eran peces, a salir del mar y asentarse en tierra firme.

Nuestros descendientes que vivirán en la Luna o en Marte visitarán la Tierra de vez en cuando, con sus trajes especiales para soportar nuestra tremenda gravedad, y con sus máscaras antigás para filtrar los innumerables malos olores que nuestro planeta aprendió a generar durante su larga historia de millones de años.

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