Y sin embargo, a pesar de que las arcas del falso profeta han bajado de nivel, el negocio sigue ahí. La gente sigue participando. En un país repleto de iglesias, como Estados Unidos; repleto de predicadores --evangelistas, mormones, pentecostales, católicos, adventistas, etcétera, etcétera--, ¿qué necesidad hay de aferrarse al guía o al ministerio que han demostrado su incapacidad?
Es que cuando hablamos de Camping no hablamos de Camping: Hablamos de lo inconmensurable y lo sobrenatural, de lo morboso. Hablamos de nuestros miedos e inseguridades, que nos empujan a la desesperación de la dependencia. 21 de octubre. El sufrimiento nos acompaña y pretendemos que alguien o algo nos eleven por encima de ese sufrimiento para contemplar, desde lo alto, el sufrimiento ajeno como una pócima. Y justificar así nuestro vacío interior.
Harold Camping es una justificación. De eso hablamos cuando hablamos de él, cuando sigue siendo noticia: nos justificamos a nosotros mismos. Justificación de una vida inútil prendida de lo alto, a la espera de una señal que nunca llega, que nunca llegará porque está en nosotros y no la podemos ver. Sólo quien se ha liberado está en condiciones de verse por dentro.
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