Hay que prepararse para lo peor en el mundo de los muertos. Como demuestra el caso de Kelvin Santos, el niño brasileño de dos años que la pasada semana resucitó en su propio funeral para pedir de beber, y volvió a morir, no hay agua en el más allá. Y no se trata del infierno precisamente porque, ¿qué faltas puede haber cometido un niño de dos años para ser condenado?
Sin agua no hay vida, y eso la muerte lo sabe bien.Kelvin había sido dado por muerto en el hospital Abelardo Santos, en el distrito de Icoaraci, al noroeste de Brasil, y revivió por unos segundos el día de su entierro. Le pidió agua a su padre. Tras volver a morir, sus sorprendidos familiares lo trasladaron hasta el hospital más cercano. El médico que le atendió certificó que el muchacho no estaba vivo. Los padres de Kelvin trataron de retrasar el funeral del niño a la espera de una nueva “resurrección” que no llegó, y el pasado sábado fue enterrado.
Cosas muy extrañas están sucediendo en este 2012 del fin del mundo, aducen los más impresionables. ¿Acaso los arrebatamientos no iban a estar a la orden del día? ¿Acaso no nos acercamos inexorablemente al 21 diciembre? ¿Acaso no muere gente por todas partes, prácticamente a puñados, famosos escritores, célebres políticos, estrellas del pop de toda la vida? ¿Acaso el Apocalipsis ya no está aquí? Un niño resucita, pide agua y se vuelve a morir. ¿Qué señal tremenda, estremecedora, nos envía?
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