¿Cómo determinar entre buenos y malos poetas? Al cien por cien la crítica literaria actual no lo consigue. No sabe cuál es el imperativo para decir: hay buenos y malos poetas. Porque no se trata de asumir la crítica en el orden literario para establecer la tan estrujada dualidad, sino, como dice Nietzsche, de restablecer un problema moral.
Los poetas luchan desde siempre en base a una guerra moral.



En Venezuela estamos en guerra. Para muchos, esta ha sido una idea difícil de asimilar, quizás porque esperan una declaración formal, un toque de clarín, o algún funcionario cortando una simbólica cinta amarilla inaugural. Olvidaron que las guerras actuales son sutiles, espectrales, no se anuncian, y transcurren en escenarios complejos, difíciles de interpretar. La guerra, así, solo se hace obvia cuando pululan los muertos. Así pasó en Afganistán, en Irak, en Libia, en Túnez, en Siria: las bombas y CNN aparecieron cuando ya la guerra llevaba un buen trecho en las computadoras y en los cuerpos de inteligencia.
El cambio en la situación de Venezuela es brutal, más que significativo. En tan solo 14 años de gestión de gobierno chavista, y en medio de un boom petrolero con precios históricos, el país ha pasado de costear políticas de subvención populista a lo interno y asumir el papel de sostenedor financiero de un gran grupo de gobiernos satélites que a costa de aliarse a su esfera de influencia se colgaron a su bolsillo y le han chupado hasta la última gota de sangre, a convertirse en un lismonero regional, endeudado en miles de millones de dólares, con la casa desabastecida y en peligro de implosión.
Papaíto el Sociólogo me tiene loco, quiere ser escritor y a cada rato me trae un manuscrito. Yo le digo: “No me lo leas que yo prefiero leerlo a solas”, pero él no cae en la trampa: “brother, se te va a olvidar, mejor te lo leo yo”, y cuando me doy cuenta Papaíto está entregado a su lectura.
Empecemos: ¿existe una sociedad civil en Cuba? La ingenuidad nos hace pasar gato por liebre. Solo existe sociedad civil cuando sus vínculos existenciales están ligados al estado-nación que lo representa. ¿Existe en Cuba este vínculo causal y concretamente?
Venezuela, ¡el único país del mundo donde los votos no se pueden contar manualmente, pero los pájaros hablan! (Alejandro Romero @AlexRomeroBravo)
El “Ma(s)duro” en Venezuela quiso ponerse a tono con su ascendiente, su “padre” adoptivo, digámoslo mejor. Pero el chavismo no es Hugo Chávez, porque dentro de todos los errores que cometió el fallecido presidente, y de su fallida doctrina bolivariana sin argumento, enarbolada siempre como una especie de teorética del “Socialismo del Siglo XXI”, le podemos dar el beneficio de la duda como líder populista. Indudablemente Chávez tenía un carisma, y muy posiblemente creía en su propio mesianismo. Pero esta es otra historia, para otro análisis.
No es que no tenga ego (tal vez tiene más ego que ningún otro hombre o mujer): es que en el proceso de domesticación del ego, en el instante en que el ego es controlado y puesto al servicio del placer de la diversión, el otro ego se realiza. ¿El otro ego? Ése que toma distancia y se ríe del ego tradicional, consuetudinario. Ése que detecta al ego costumbrista como un bebedor de cerveza el sitio del jardín donde puede mear a gusto, porque no hay perros ni guardián ni farol que lo exponga al escarnio general. El otro ego del superhombre.
Cuando se alcanza el punto sicológico que el domingo consiguió establecer Henrique Capriles en Venezuela, es tiempo de cambio. Durante los últimos diez años, el chavismo había vivido de la apatía de una población Nini --los indecisos o abúlicos habituales, los abstencionistas-- para la cual Hugo Chávez y el régimen semi-totalitario, o seudo-democrático, construido en torno a su persona, resultaban sicológicamente inamovibles. El estado socialista había consolidado y ramificado sus poderes. El Legislativo, el Tribunal Supremo, el Consejo Nacional Electoral, prácticamente todos los poderes adyacentes estaban en manos chavistas.
Con un registro electoral de 19.000.0000 votantes, en Venezuela se ha proclamado un presidente, Nicolás Maduro, sin que sea estadísticamente imposible que el resultado pueda cambiar. Con una diferencia de apenas 230.000 votos y una abstención de aproximadamente 4.000.000 de votantes, irresponsablemente se han hecho públicos unos resultados que no reflejan la voluntad de la mayoría. Digo esto por lo siguiente:
Los Cinco. Uno de ellos regresó a Cuba en libertad condicional y luego de una breve estancia caritativa retornó a Estados Unidos. ¿Por qué? ¿Por órdenes de Fidel y Raúl Castro? Yo diría que más bien por necesidad. Es que en la Isla de los encarcelados no se puede comprar en Publix ni hacer barbacue los domingos, a la sombra de una mata de aguacates. No se puede ir a la playa con el cooler repleto de cerveza importada ni atravesar las autopistas hacia el norte, en pos del reino imperial de los rascacielos. ¡No se puede avanzar!
Yoani Sánchez pesa unas 120 libras, tiene 37 años, una laptop sin conexión a Internet y un telefonito celular fiscalizado. Las cien personas encargadas del régimen de Cuba deben pesar un total de 20,000 libras, unas diez toneladas, 170 veces más que Yoani. Tienen un promedio de 80 años, son dueños de la prensa radial, televisiva y escrita, el ejército, la policía uniformada y la secreta. Son dueños de las cárceles, el terror, la delación y la infiltración. Tienen una experiencia de más de 50 años en el poder. Son dueños de todos los centros de trabajo del país, patrones únicos de ciudadanos indefensos.
En Cuba ningún suceso de connotación política es casual, mucho menos inocente, ni puede hablarse de cabos sueltos por pura espontaneidad. Eso es para los bobos. Detrás de cada acción de ese tipo está la mano del aparato de inteligencia moviendo fichas con precisión milimétrica, en función de alcanzar objetivos estratégicos planificados con total rigor. ¿De qué les hablo específicamente?
Luis Felipe Rojas, escritor, periodista, blogger y opositor cubano, apenas lleva cinco meses en Miami, pero ya se desplaza por las avenidas de la ciudad como si fueran suyas. En Cuba fue uno de los comunicadores que con más talento y arrojo narró, desde el oriente de la Isla, las vicisitudes de la nación interior, y su poesía –publicó varios poemarios antes de arribar al exilio— figura entre las más vigorosas de su generación.
Yo no sé si percibo lo que otros no perciben o si otros lo perciben y no lo quieren decir. De cualquier manera, parece que me ha tocado a mí aclararlo.
Siempre anclados a la esperanza de una Cuba “libre”. Su vida pendiente de Cuba. Atada a Cuba. Pisoteada por Cuba. Cuba en la esperanza de ser (pues no son más que esperanza una y otra vez burlada, escamoteada, ridiculizada). Cuba. Cuba. Cuba. Siempre una nueva esperanza surgiendo para mantenerlos encadenados a Cuba. A la esperanza de ver a Cuba “libre”, de pisar otra vez Cuba, de tomarse un fucking batido de clavos en Cuba, de morirse de una buena vez en Cuba. Ensimismados en Cuba. Mareados por Cuba. Trajinados por Cuba. Invirtiendo su ¿precioso? tiempo en Cuba.
Sin lugar a dudas la gira internacional de Yoani Sánchez ha sido un éxito total. Los intentos del gobierno cubano por empañar sus actividades en la práctica se revirtieron en beneficio de la bloguera. Los tradicionales actos de repudio, tanto en Brasil como en Naciones Unidas, se transformaron en las muestras vivas de la razón de existir de la propia Yoani. Al parecer, el gobierno de Cuba erró al permitir la salida al exterior de la blogger. Fallaron sus cálculos y previsiones. Ellos también se equivocan.
Anoche me dormí con la idea de que si un grupo tiene razones suficientes para combatir a los hermanos Fidel y Raúl Castro, mayorales de la finca Cuba, ese es precisamente el de los defensores de los animales.
El castrismo ha caído en un descrédito tal que hoy día sólo la mediocridad más rampante se atreve a defenderlo públicamente. Abel Prieto como (ex) ministro de Cultura es el punto más bajo de esa caída.
Hacer que lo obvio se vea como evidente es la meta de todo idealismo. Encontrar un referente comunicativo, simbólico e ideológico que estructure la sociedad en una unidad orgánica, es el pináculo del nacionalismo. De modo que el idealismo es lo evidente y el nacionalismo lo obvio. En este sentido cinético, la sociedad cubana se ha ido proyectando --y sigo aquí lo que nos dice Niklas Luhmann en su abarcador estudio La sociedad de la sociedad-- estructurada en la típica relación comunicativa en la que yace la modernidad
¿A Saavedra qué le pasa? Tiene derecho a armar sus mítines, pero que no hable por todos los exiliados. ¿Hasta cuándo permitiremos que ese tipo nos lance en la cara su pésimo protagonismo y nos embarre en todo el mundo con tonterías impropias de la causa de Cuba libre y que ponen en entredicho nuestra credibilidad? ¿Quién está detrás de él? ¿La inteligencia castrista o qué?