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José Martí: Muerte y catarsis

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1-Abela

Al  enterarse de la muerte de José Martí  el poeta  nicaragüense  Rubén Darío expresaba el sentir de  América  toda y se lamentaba: “Pero, ¡oh,  Maestro, qué has hecho!” (cito de memoria).  Evidentemente,  Darío no entendía  la vocación de sacrificio patriótico del  cubano. Se puede o no comulgar con la opinión del nicaragüense.  Incluso discrepando, habría que admitir que la obra creativa de  Martí quedó trunca  por una relativamente  temprana muerte.

Tiene Cuba la peculiaridad de que su más  grande hombre en el sentido patriótico es a la vez un gigante del  pensamiento, y no sólo en el campo político, sino también en el de la creación literaria. Ahora bien: ¿sería  posible separar al hombre de letras del hombre político? ¿Significaría Martí lo que actualmente significa si se hubiera encerrado  en una “torre de marfil” al estilo de muchos  de todas las épocas? Y por ese camino, un mar de preguntas y siete mares de respuestas.

La muerte de José Martí, asumida desde afuera (desde el pasado y el conocimiento adquirido, como diría Ángel  Velázquez), presenta, como casi  todas  esas cosas raras de la vida – cual reza  una vieja canción--, una lectura polivalente.  Primeramente, el sentir por la pérdida de una vida humana, por demás  sumamente valiosa, y luego todas las variantes  que puedan provenir  de  distintas visiones de ese mundo  del  cual algunos profetizan un pronto final;  mientras otros, aunque  sin pretensiones  escatológicas , con su “pragmática” actuación conducen  al mismo pandemónium.

¿Murió Martí en el lugar (la manigua insurrecta), la forma (combatiendo) y el momento  (antes de las mezquinas  rencillas políticas de la naciente e imprecisa república) precisos?  ¿Es esa circunstancia la que lo convierte en adalid y fórmula recurrente para tirios y troyanos?

Las preguntas quizás puedan parecer sacrílegas, pero las respuestas no tiene necesariamente  que serlas.

Vale.

Comentarios (2)
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  • Callejas
    La muerte de Martí en Dos Ríos no es solo el final, la extinción, de un cuerpo físico. También es el final de un proyecto político inconcluso. Con la muerte de Martí se van dos cosas a la tumba: la compasión humana y la voladura del ego político. Pero también con la muerte de Martí, que es lo más importante, se lanza una onda de pensamiento que calara en el subconsciente de cada cubano. Con esa onda se establece una causa, de la cual depende hoy –catristas y anticastristas- la mentalidad cubana. En el misterio de la muerte de Martí se halla el origen de una fuerza gravitacional que produce y mantendrá la infelicidad y la discordia del nacionalismo del pueblo de Cuba. Martí experimentó un fenómeno no conocido por la historia de Cuba: contrapuso en un ejercicio esotérico el sentido de la “dicha” sobre la tierra y el azaroso sacrificio por la “salvación” del pueblo. Es un experimento espiritual nunca dado a conocer, porque hay fuerzas ocultas que luchan y mueven el hilo de la historia “republicana” y “socialista” de Cuba a su antojo. Y Martí es su mayor constructor. ¿Por qué?; aun no lo sabemos. A veces, por no decir que nunca, los historiadores narramos el pasado cubano sin saber la verdadera historia que se oculta tras de cada hecho. He percibido que cada hecho después de 1895 tiene una implicación directa e indirecta con la muerte de Martí. Lo que sí puedo adelantar es que Martí articuló antes de morir y con su muerte nos entregó un discurso, un modo de obrar patriótico a ciegas .Muy pronto volveré sobre este tema en una serie que titulemos “Cuba actual”
  • Mario Acosta  - Pollice Verso.
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    ¡Zarzal es la memoria; mas la mía
    Es un cesto de llamas! A su lumbre
    El porvenir de mi nación preveo.
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