Todas las determinaciones postulan salvar a alguien. La metatranca por su parte postula la última salvación, la de salvarse uno mismo. Marx dice que en última instancia todo está determinado por la Historia, es el factor determinante de salvación. Madame Blavatsky , que el mundo está determinado en última instancia por una explicación esotérica. Nietzsche, que la voluntad de poder es el factor vital del raciocinio del hombre. Freud, que es en el inconsciente donde realmente se hallan los instintos humanos. Y Lezama Lima, que la poesía y la imagen devienen en la visión última. A grandes rasgos, esa es la historia de la metafísica, la que se esconde tras el principio de la metatranca y el metaintelectual.
La metatranca es una versión refinada y consumada dentro del lenguaje del sistema poético del mundo de Lezama. Al creerse que este sistema ha proporcionado la explicación última del mundo, ya no hay nada más que explicar. El interés por el lenguaje explicativo queda a partir de entonces relegado a un segundo plano. Y es cuando surge algo así como un hedonismo lingüístico, un estilo y forma de vida epicúrea: beber, comer y disfrutar de las palabras; un jugar a tientas con palabras sin que importe el lector. Un placer por las palabras; que, en fin, el significado se burle estratégicamente de los tratados morales y éticos del nacionalismo cubano. Pero un jugar también en medio de la jungla lingüística para satisfacer el dolor y la angustia dejada por la determinación metafísica.
Si la determinación histórica creó la revolución cubana, la metatranca cubana buscará en la crítica una forma de hedonismo lingüístico, pero pedestre en el sentido de que conduce a ningún lugar. ¿No es la metatranca una vuelta a la vieja metafísica clásica de la teología occidental? ¿No es que la metatranca quiere imponer de nuevo la determinación de Dios por encima de todas las cosas? ¿No representa una lucha entre ateos y teístas?
De ahí que la metatranca se considere una estética novísima, un factor determinante en la creación de nuevos intelectuales que cada día se alejan más del mundo, se orillan representando lo que en una ocasión el patriota bayamés y presidente de la República en Armas, Carlos Manuel de Céspedes, llamara –y se autotitulara—“un aristócrata de la política”. Un elegido por Dios para llevar las riendas del destino de Cuba. De esta proclamación quedó latente la idea final de la aristocracia intelectual cubana.
¿Es el metaintelectual un elegido de Dios para llevar las riendas del destino intelectual cubano? Es una psicología de la inferioridad, matizada por un proyecto metafísico aún inconcluso en Cuba. Un proyecto que por mucha poesía y estética que anuncie, no contiene el impulso verdadero de la Poesía.
http://angelcallejas.wordpress.com/
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Me lo llevo para www.anhelos-y-esperanzas.com
Callejas me ha ayudado a comprender el significado de la palabra
metatranca.
Saludos
Espe