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Feria Internacional del Libro de Miami, censura china

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Es notorio que a mayor calidad de un libro, a mayor originalidad o profundidad o complejidad, mayor probabilidad de que aparezca autofinanciado, esto es, de que su publicación sea financiada por el propio autor, por sus familiares o algún mecenas. Es así desde hace mucho tiempo, y la historia de la literatura abunda en ejemplos que lo corroboran.

¿La razón? A mayor calidad literaria, o complejidad estructural, menor probabilidad de que un libro se convierta en un éxito de ventas, con lo cual las casas editoras se lo piensan dos veces antes de invertir en un producto que puede causarles pérdidas económicas. Es entonces que empujan al autor a asumir los gastos.

Adicionalmente, esta verdad de Perogrullo se agudiza y masifica en época de la revolución tecnológica, cuando Internet cada vez más sustituye la lectura en papel y la crisis económica mundial vuelve insostenible la financiación editorial a gran escala. La quiebra de multitud de casas editoriales, verdaderos imperios algunas de ellas, así lo demuestra.

Hay excepciones a esta regla, pero son sólo eso: excepciones.

Es en este contexto que la decisión de la Feria Internacional del Libro de Miami de no aceptar obras autofinanciadas en su presente edición –extremo verificado al menos por la editorial Alexandria Library, dos de cuyos autores fueron rechazados con ese pretexto (el libro de uno de ellos, paradójicamente, ni siquiera era autofinanciado)--, aparece como un error de bulto.

Tan evidente resulta que da hasta un poco de pena subrayarlo: lo importancia de un libro nada tiene que ver con su financiación, sino con su calidad. Y se supone que la Feria de Miami –abrió sus puertas este domingo 13 de noviembre-- cuenta con un comité de lectura lo suficientemente profesional como para determinar calidad vía contenido. Porque, por contra, todos sabemos que muchas grandes casas editoras, incluso de España y Francia –países célebres por su tradición editorial--, han financiado en el último medio siglo novelas chatarra, y panfletos en general, que no resistirán ni mínimamente el paso del tiempo, y cuya publicación sólo se justifica en base a campañas publicitarias enfocadas en la ganancia económica inmediata. No es necesario mencionar títulos, pero los títulos están ahí, todavía en rotación, como satélites cuestionando involuntariamente a su planeta editorial. De manera que no existe relación directa, por no decir relación alguna, entre la financiación de un libro por un editor y su calidad intrínseca.

Otra cosa es si la Feria de Miami se celebra cada año no en función de promocionar buena literatura, sino de hacer dinero o proyectar a un sector editorial afín a determinadas prioridades, y todo ello con fondos públicos. Se sabe, contradiciendo el pretexto utilizado contra Alexandria Library, que muchas editoriales anunciadas para la presente edición de la Feria le cobran directamente al autor por publicarle. Un poquito más claro para que se entienda: Numerosos autores, de esta ciudad o no, han pagado por que se edite e imprima el libro que se está presentando ahora mismo en la Feria Internacional del Libro de Miami (lo cual, por cierto, no sólo me parece legítimo, sino hasta práctico y muy inteligente).

Un dato curioso: El hecho de que la actual edición esté dedicada a China constituye una involuntaria metáfora de la represión. De esta manera, simbólicamente, los organizadores de la Feria han terminado homenajeando por partida doble a la censura: dedicándole la Feria a un país de escritores censurados y/o autocensurados, y censurando a escritores autopublicados.

Pero Internet y la revolución tecnológica, iniciada precisamente en Estados Unidos, hace tiempo que cambiaron las reglas del juego. Eventos como el que nos ocupa –al menos mientras continúe moviéndose en el marco excluyente y anticuado de la presente edición-- son cada vez más inoperantes, y muy poco o nada influyen en la suerte de la obra presentada, o en la visibilidad de su autor. Lamentablemente –sobre todo para ellos--, algunos grupos de interés insisten en no darse por enterados.

Un muy interesante artículo sobre este tema, además de los ya publicados de Arocha, Fortún, Callejas y Gayol en este diario, es el de Marlene Moleón: “James Joyce y José Martí hubieran estado vetados en la Feria del Libro de Miami”. Clic aquí para leerlo.

Comentarios (2)
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  • Federico Varsa  - La Feria del Libro prefiere editoriales simpatizan
    Pruebe a publicar un libro ligeramente anticastrista en grandes editoriales, no tan solo de España y Francia, sino también de Estados Unidos, incluyendo (y sobre todo) las académicas. Es prácticamente imposible.

    Sin embargo, las editoriales de autopublicación, como lo es en gran medida la editorial Universal de Miami, son las que llevan el peso de la literatura anticastrista.

    Ahora resulta que la Feria del libro de Miami, ciudad bastión del anticastrismo, se inclina hacia las primeras en detrimento de las segundas.

    ¿Alguien tiene una explicación?
  • Vaya
    Universal forma parte del establishment ferial, asi que si forma parte de algo es del problema, no de la solucion...
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