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El peso del nacionalismo cubano en el exilio

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Unos lo afirman y otros lo niegan, pero estamos todos en el mismo barco. La idea del nacionalismo se ha convertido, para los escritores cubanos fuera de Cuba, en una suerte de refugio psicológico e identitario. Parece que para seguir siendo escritor, una vez que abandonamos la isla, es necesario continuar haciéndole el juego a los de adentro.  O mejor dicho, hay  que compartir el peso de la isla. Hay que estar creyéndose la apocalíptica idea de “La isla en peso”.

Desde luego, hubo una etapa en mí –dentro y fuera— en que sucedió. Me iba desgastando en el absurdo de querer también apropiarme de un pedazo de ese peso. Yo quería mi pedazo y lo logré. En verdad,  es muy extraño lo que se siente, pero el ego del ser cubano en el exilio parece vivir de la imagen de ese peso, de la cantidad que se pueda agenciar uno del peso de esa isla. Lo he estado observando; la intelectualidad cubana del exilio carga con un peso que todavía le es soportable. Por eso continuamos; y por eso creemos en la cubanidad. Es razonable ver que en el inconsciente del intelectual cubano yace un curioso absurdo por el  peso del nacionalismo.

La isla pesaba abrumadoramente sobre mí. No sé qué cantidad, pero llegó un  momento en que ese peso fue  demasiado y tuve que soltar la carga. Tuve que dejar de ser un Caupolicán. Porque todos los escritores cubanos somos en el fondo, de hecho, caupolicanes, fuertes  defensores de una larga duración nacionalista. Como si la historia de la isla tuviera un peso verdadero. Como si la literatura insular estableciera un peso sobre la isla. Como si la cantidad del peso determinase la esencialidad del Yo cubano. Yo me determinaba por ese peso; yo era ese peso. ¡Dios mío, la idea existencialista de la isla en peso de Piñera terminó por acabar conmigo! Era más propenso a existir sobre los hombros de la idea de Piñera que sobre los de la de Martí.

Pero ha llegado el momento de arrojar a un lado el peso de la isla y asumir la responsabilidad de perder la identidad. Entonces es cuando los músculos se relajan y se siente por primera vez la ingravidez. ¿Qué se sabe de la ingravidez? Te das cuenta entonces que sólo conoces, como suele suceder en estos casos, el nombre de la palabra y el significado, pero nada de la verdad.

Los escritores cubanos del exilio cargan demasiado con las palabras y los significados, pero con nada de la verdad. De ahí esa tendencia a llevar el peso de la isla; de ahí también la de llevar la carga del nacionalismo. Todos estamos de un modo u otro por participar en el discurso de la nación cubana. Poetas, narradores e historiadores, todos  apostamos por apropiarnos de un pedazo de ese peso.  Es lo que real y virtualmente nos queda.

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