La respuesta es simple. En las prisiones cubanas se practican castigos sistemáticos para doblegar a los reos. Más que limitar su libertad, se empeñan en lacerarles la dignidad. Los tratos crueles, inhumanos y degradantes están a la orden del día. En todas ellas, las condiciones de sobrevivencia son precarias, el hacinamiento marcado, los militares propinan golpizas salvajes que muchas veces son por placer, es pésima la alimentación y casi inexistentes los servicios de salud, el contacto familiar se espacia por meses y cuando ocurre se limita a sólo dos horas por visita, no se permiten los servicios religiosos ni la libertad de culto, y durante los procesos penales con abrumadora frecuencia se violan los procedimientos y términos establecidos por la ley.
Todo eso es parte del drama dantesco escondido tras esos muros con rejas.
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