“Los ciclos duraban catorce o quince años: De Camarioca (1965) al Mariel (1980), y del Mariel a Guantánamo (1994), éxodos precedidos por algún hecho social explosivo, como la crisis de la Embajada del Perú en 1980 o el llamado Maleconazo, en 1994”, apuntaba Hidalgo. Y añadía: “Catorce o quince años después, el ciclo terminaba en el 2008 o el 2009, años en que se produce la sucesión raulista”.
Cabe preguntarse entonces: ¿Por qué no se produjo el cuarto éxodo masivo, correspondiente al periodo 2008-2010? Creo que por tres razones fundamentales:
-La desaparición de Fidel Castro del escenario público, su inminente fallecimiento, ha metido a buena parte de la sociedad cubana en un compás de espera con aroma a “fin de régimen” que, paradójicamente, pudiera estar funcionando como un factor de estabilización del propio régimen en su segunda fase (el castrismo tardío, o raulismo).
-Las ligeras reformas económicas implementadas por Raúl Castro han abierto espacios de sobrevivencia y esperanza (espacios sicológicos se podría decir) para un sector de la sociedad cubana que, más conservadoramente, prefiere “buscarse la vida” en la Isla antes que arriesgarse a afrontar las peripecias de un exilio siempre traumático.
-Ecuador, Venezuela y otros países latinoamericanos han estado sirviendo de puente a la emigración cubana hacia Estados Unidos (que entra a territorio norteamericano por la frontera mexicana, tras atravesar Centroamérica), por lo que el cuarto éxodo antes mencionado se estaría produciendo por vías alternativas “aseguradas” de antemano, y de “menor intensidad”.
En este contexto, la suerte de modelo chino que tan lentamente implementa Raúl Castro ha terminado conformando un muro de contención contra un eventual estallido social, o nuevo éxodo masivo.
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