Un estado policial persiguiendo aguacates, habichuelas y disidentes, con un líder histórico embelesado con el cultivo de la moringa. Para eso ha quedado la “revolución” de 1959. Pero lo terrible no es que el régimen represivo, al fin y al cabo fundado por cuatreros y sustentado por envidiosos y oportunistas, se comporte como un ratero con galones o un idiota brotando de la lámpara de Aladino. Lo terrible es que la sede de la televisión que transmitió en horario estelar las tomas del aguacate no haya sido a continuación asaltada por miles de ciudadanos furiosos, hartos de que se ridiculice el país en que viven y/o se derrochen los escasos recursos de una nación empobrecida en montajes teatreros. O de que esa misma televisión no dedique un serial humorístico a burlarse de Fidel Castro y su manía por la alimentación “revolucionaria”. A ver si en vez de moringa siembran aguacate, partida de incompetentes.
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