El inquilino de la Casa Blanca estuvo bastante mejor que en Denver, pero hasta un escolar lo habría estado. Romney volvió a machacar sobre las cifras galopantes de desempleo, el déficit, los 43 millones de estadounidenses que solicitan aún estampillas de alimento al gobierno, el alto precio de la gasolina (en torno a los cuatro dólares el galón cuando en 2008 costaba un dólar y poco más), etcétera. Una matemática dura de digerir. La ofensiva de Romney incluyó incluso alusiones a la operación “Rápido y Furioso”, a propósito de una pregunta sobre la tenencia de armas en Estados Unidos, pasando por la ineficacia con que Washington actuara de cara al ataque terrorista de Bengasi. No obstante, Obama puede haberle sacado un empate a esta noche imprecisa, y quién sabe si un poco más. Llegaba herido y salió ileso. Y la labor de la moderadora Candy Crowley, de CNN, seguramente contribuirá a que algunos interpreten eso en clave triunfal.
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