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Sin tarjeta blanca, sin Ley de Ajuste Cubano

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La derogación de absurdas trabas migratorias para el cubano que vive en Cuba, y para los que residen en el extranjero, más que entusiasmo o alivio en la mayoría de los medios del exilio y la blogosfera criolla ha provocado una insultada perreta, muy parecida a la de Melchora, aquella vaca nihilista, inconforme, sufrida y caliente... De pronto, los cubanólogos se revuelven en advertencias y aclaraciones: "esta ley es una trampa", "siempre esconden la letra pequeña", "esta es otra cortina de humo"... las mismas frases que este medio siglo nos ha regalado. Una lectura de opiniones vencidas de antemano, igual que la de los adversarios pero al revés, más estancada todavía.

Se ha engordado tanto el panfleto y la memoria, que a aquellos que vivieron del cuento del Auschwitz perenne caribeño se les cae encima el protector falso cielo. Los resquemores ya no son razones, cada vez menos.

Si hay algo, además, que peligra con estas nuevas circunstancias migratorias para los cubanos, son las desestructuradas bases de un enfrentamiento entre países, engordado y mantenido por la derecha republicana de Miami: la posible derogación del ineficaz y caro embargo, el deceso del instrumento estrella de los que han mantenido la llamita pendeja del odio entre familias desde la otra orilla. Porque no hay mayor dolor para estos cubanos de guayabera y acento tejano que ver como se puede normalizar, encausar una/otra política, una/otra manera de convivir con/entre cubanos, con o sin el consentimiento del gobierno de la Isla.

Ya el dolor se ha hecho visible, la necesidad de reconocer lo infructuoso que ha sido mantener plataformas mediáticas de alta tecnología financiadas con dinero del contribuyente norteamericano, tan alejado de nuestros temas, así como leyes de carácter más ambiguo, destinadas a premiar al que a costa yanqui llegue, siempre y cuando sea cubano. O las manipuladas relaciones de familia, viajes y visitas recíprocas que tanto han cuidado estos politiqueros a través de 50 años. 50 años alimentando hipocresías, jugando a mandar dinero y zapatos con "mulas", personas que no dejaron de viajar por terceros países, gente que siempre llegó a compartir, a convivir con la familia.

Porque no hay que llevarse a equívocos, si de pronto los mismos que han mantenido las políticas y utilizado los instrumentos legales más extremos, supuestamente para combatir al régimen de los hermanos Castro, se bajan con la solicitud de derogación de leyes como la de Ajuste Cubano, entonces también ellos con sus políticas han fracasado, ni más ni menos. Fracaso que tiene fundado mucho en el poco o nulo conocimiento de los cubanos, de Cuba, de una adulteración de los hechos y la vida. Y sobre todo, con el estancamiento en la percepción y aceptación de la real dinámica gubernamental revolucionaria. Sí, de tanto denunciar el estatismo castrista, el exilio se quedo estático. Y de ahí que otrora lumbreras no aparezcan hoy más que como tercos ejemplos de estatuas achicharradas por la historia, sus propias historias.

Hubo una ocasión, un tiempo para la demagogia y el populismo gusano, y ese tiempo fue prolongado, exprimido millonariamente, pero ya no pare más: el discurso anti-extremista, el de ignorar a los voceros del enfrentamiento, “el blando” que le llaman los duros, ha ido de la mano de la sensatez, que se puede obviar e incluso dinamitar, pero que como aquellos otros fragmentos regresa a su imán, a la lógica verdad.

Así pronto veremos caer juntas, de un lado y del otro, simbólicas y malditas estatuas de otros tiempos, traídas ya por la fuerza del interés a nuestros días. Un derrumbamiento que a pesar de lo que se diga, o se pretenda, sigue teniendo el motor de arranque en los gestos de los Castro brothers, lo que desde allí generan.

Porque como ya vengo diciendo desde hace rato, con la caída de lo peor del gobierno de la Isla también cae lo peorcito de sus iguales enemigos de enfrente, y mejoramos todos.

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