Los voceros de la jerarquía católica cubana defienden, contra viento y marea, en sus diferentes medios (Palabra Nueva y Espacio Laical), la postura del cardenal Jaime Ortega y Alamino, y el rol que desempeña frente a las autoridades de la dictadura de los hermanos Castro. Refuerzan sus declaraciones con el ataque a la oposición y a los que tienen un tono crítico con sus enfoques. Utilizan la estrategia de manipular, escudándose con el argumento que vincula el oportunismo, la insensibilidad con el sufrimiento del pueblo y la falta de escrúpulos orientada al logro de intereses corporativos y clasistas de sus líderes religiosos, con el supuesto ataque de los adversarios al diálogo como alternativa de solución nacional.
Falso. No se ataca el diálogo, como pretenden hacer ver, sino la actitud lacayuna de Ortega y su pandilla, que se mueven en función de representar y resolver los problemas del régimen opresor y de garantizarse una porción del pastel nacional. Los preceptos morales y humanísticos divulgados por la Iglesia son los que deberían impulsar estos seguidores de Dios, y no lo contrario, como sucede hasta el momento.