Oficialistas y disidentes, represores y reprimidos, espías del gobierno y prófugos del gobierno. Todos vienen pa Miami. Pero no solo de Cuba zarpan hacia la que fuera “capital del exilio cubano” y es cada vez más “capital de la inmigración cubana”. Vienen de todas partes, de Estocolmo, Barcelona, París, Roma, Viena, Estambul, Quito, Caracas, Buenos Aires, Luanda, Beirut… En Damasco, los cubanos abandonados a la metralla y la muerte por el implacable régimen de los hermanos Castro, claman a una sola voz: Miami. En Madrid, los expresos políticos acampados en demanda de ayudas gubernamentales claman a una sola voz: Miami. En España toda, los cadáveres exquisitos de los “intelectuales” que históricamente han criticado a Miami claman a una sola voz: Miami. Indiferente a sus éxtasis y hasta a sus históricos desprecios, la ciudad, el pueblo, La Playa, los recibe calurosa. Mas con aire acondicionado.
Mientras la emigración engorda como cochino en vísperas de Nochebuena, trabajamos todos por el futuro luminoso que aguarda a los cubanos. Ya sabemos, por boca del inefable canciller castrista Bruno Rodríguez, que el gobierno “revolucionario” no está a dispuesto a aceptar chinchales ni inversores de poca monta, esto es, con sólo 100 mil, 200 mil o 300 mil dólares de presupuesto. De manera que no queda otra que seguir mandando dinero y piezas de repuesto para que los que “inviertan” sigan siendo los mismos: El Mayoral, su familia y sus amigos. Tal vez dentro de 50 años, y al ritmo en que la emigración aumenta ahora mismo, los 11 millones de cubanos que para entonces residamos en Miami y su periferia habremos hecho ricos a los 2 millones que quedarán en Cuba. Entonces la Isla volverá a ser lo que nunca debió dejar de ser: la llave del golfo. La llave del baúl sin fondo de la “inmigración cubana”.
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