Un poeta miamense ya fallecido, de cuyo nombre prefiero no acordarme para que nadie me acuse de trasegar con muertos –la muerte otorga respetabilidad a muchos que en vida, curiosamente, nunca respetaron a los demás--, solía comportarse exquisitamente en público con sus enemigos virtuales, al punto que había que vigilarlo para huir antes de caer víctima de uno de sus calurosos abrazos, de una de sus inagotables disertaciones. Sin embargo, el hombre perseguía y atacaba sin piedad en Internet, lo mismo encapuchado que a cara descubierta, a sus muy estimados interlocutores de la noche de Miami.
Ahora mismo recuerdo a otro pintoresco poeta miamense al que luego de hacerle múltiples favores –una vez incluso me llamó a las dos de la mañana recién llegado de Cuba, cuando aún no sabía conducir, para que lo transportara de urgencia al hospital, y le salí al teléfono y lo llevé— descubrí una tarde atacándome en Internet. Un comportamiento enfermizo que seguramente, por alguna razón, habrán potenciado las intermitencias de Comcast o BellSouth.
Internet tiene en muchos idéntico impacto que una botella de ron o un sixpack de cervezas. Como el alcohol en los débiles de espíritu, desinhibe y saca a flote lo más oscuro, o lo más pendenciero. No generalizo: el alcohol también puede ser beneficioso. Pero como todo en la vida, el efecto depende del consumidor, no del producto.
Comentarios (2)
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2012-11-01 11:16:37 | CallejasMuy bueno! “Baltasar el mango” o el “mago” como se le decía en un blog ilustrado desaparecido hace más de un año parecer que es un bufón mas de esos que navegan en el ciberespacio con doble personalidad. Cuando digo doble personalidad me refiero al humilde receptor que se vuelve en determinado momento en atacador. Recuerdo Baltasar fue una noche a Delio Studio a desmitificar quien era el editor de ese blog, y todo aquello parecía una gran comedia. A uno por uno de los asistentes en esa noche, preguntó si tenían alguna complicidad con el popular blog. Aquello parecía inaudito, porque entre risas y risas nada en claro pudo sacar. Y sin embargo, allí, entre ellos estaba el editor. Ahora se presenta como desmitificador atacador a quien por convicción hace un pintoresco retrato sobre bufonerías revolucionarias. Todo el mundo sabe que Alicia Alonso no es la Alicia del país de las maravillas. Alonso es una gran bailarina, pero no deja, de ven en cuando, hacer bufonadas revolucionarias tratando de imitar a su comandante. Y esto es muy encantador para la creación literaria y periodística. La crónica escrita por Añel sobre Alicia no debería afectar por supuesto a nadie, a no ser, parece, a Baltasar que se sentido aludido, quizás, vaya usted a saber, debido a la complicidad y cercanía biográfica con la bailarina. Pero aun así, la réplica o el ataque de Baltasar al escrito de Añel es también una bufonada. El bufón siempre se desdobla en dos partes, una my seria y otra my cómica.
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