José Lorenzo Fuentes (Santa Clara, 1928), escritor, profesor, periodista y metafísico, es uno de los más relevantes narradores cubanos. Ha publicado, entre otros libros, El sol, ese enemigo, Después de la gaviota, El hombre verde, Brígida pudo soñar y Meditación. Tiene una Maestría en Hipnología Multidimensional y Biolística Curativa, y se graduó de Medicina Tibetana y Autocuración Tántrica por el Lama Gangchen Rimpoche, de Sri Lanka. Desde 1992 reside en Miami.
Kiko Arocha. ¿Qué libros estás leyendo ahora?José Lorenzo Fuentes. En estos momentos estoy leyendo, más bien releyendo, Obras y Fragmentos, de Hesíodo, libro publicado por la Biblioteca Básica Gredos, de Barcelona, que incluye, por supuesto, el poema Teogonía, donde se describe la genealogía de los dioses y se recrean los mitos griegos que han nutrido a lo largo del tiempo todas las manifestaciones artísticas; la literatura, la pintura, la música y la filosofía.
Hesíodo, el gran poeta griego del siglo VIII a.de Cristo, coetáneo de Homero, ya en aquella época tan lejana alzó su voz para condenar los desafueros de los poderosos, y propuso una moral política, que muy bien podría servir de norma a nuestros contemporáneos, a todos aquellos políticos y gobernantes que, en palabras de Hesíodo, “se devoran entre sí, sin cuidarse de la venganza divina”.
KA. ¿Dónde y cuándo acostumbras a leer?
JLF. Acostumbro levantarme muy temprano, sobre las siete de la mañana, y después de mis prácticas de meditación, que nunca me permito evadir, tomo en mis manos algún libro cuya lectura interrumpí el día anterior, en horas de la noche, vencido por el sueño. Siempre, antes de empezar a escribir, leo alrededor de una hora o dos, pues así consigo establecer contacto con un estado de ánimo propicio a la creación.
KA. ¿Cómo lees? ¿Subrayas y haces notas en los márgenes?
JLF. Trato, en la medida que me sea posible, de no maltratar los libros con subrayados o notas en los márgenes, aunque con no deliberada frecuencia lo he hecho. Generalmente, cuando necesito volver a la lectura de una página, o de una frase, hago las anotaciones en un cuaderno que siempre tengo a mano, a propósito.
KA. ¿Prefieres un libro que te entretenga o uno que te enseñe?
JLF. Fascinado por los presupuestos de la física cuántica, durante este último mes he leído dos libros esclarecedores, que me han servido para ensanchar mis esfuerzos en busca de la comprensión del universo: Física de lo imposible, de Michio Kaku, profesor de Física Teórica en la Universidad de Nueva York, quien consigue convencernos que lo imposible ya es posible, o lo será en breve tiempo: es decir, que muy pronto podremos hacernos invisibles, viajar en el tiempo, teletransportarnos, descifrar el futuro, leer el pensamiento de los demás; y Universos paralelos, de Fred Alan Wolf, quien comienza su libro con estas palabras: “Nadie que se haya mirado en un espejo de pared ha dejado de pensar alguna vez acerca del mundo invertido que existe al otro lado del espejo”. La duplicación paralela de lo que existe es el fundamento de los universos paralelos y la explicación cierta de que no somos únicos y de que nuestros múltiples yoes también existen en el espacio y en el tiempo, aunque en una forma fantasmal, de modo que normalmente no pueden ser percibidos por nosotros.
Esos libros me sirven para aprender. Pero en cambio cuando se trata de libros de ficción, y de un modo especial las novelas, considero, como Somerset Maugham, que la pedagogía está reñida con la creación literaria. En su libro Diez novelas y sus autores, publicado en 1954, Somerset Maugham enfatizó que la novela no tiene como fin instruir sino agradar y entretener. Por eso incluyó en su libro a Orgullo y prejuicio, la encantadora novela de Jane Austen, porque ningún lector, cautivado por el interés que provocaba su lectura, podía saltarse alguna de sus páginas. En cambio, desestimó a En busca del tiempo perdido, la extraordinaria novela de Marcel Proust, de gran perfección formal, porque a menudo se tornaba aburrida.
KA. ¿Cómo compras los libros, en las librerías o a través de la Red?
JLF. Como no estoy muy familiarizado con la última tecnología, no he comprado un solo libro en la Red. Cuando necesito adquirir alguno, mi hija Gloria se encarga de hacerlo.
KA. ¿Cuáles son los libros que han tenido mayor impacto en tu vida?
JLF. En mi biblioteca conservo muchos de los premios Nobel, desde Knut Hamsun (1920) hasta Vargas Llosa: entre ellos están los libros que he tratado de releer con más frecuencia. También venero las obras de autores que, mereciéndolo, no alcanzaron el preciado galardón: Jorge Luis Borges acaso en primer lugar. Entre los libros que más amo debo mencionar Crimen y castigo, de Dostoievski, y Las cabezas trocadas, de Thomas Mann, quien se alzó con el Nobel en 1929.
KA. ¿Qué títulos para leer están en tu horizonte?
JLF. Compré hace pocos días (por supuesto en una librería), Psicología y simbólica del arquetipo, obra de Kart Gustav Jung, publicada por la editorial Paidós, de Barcelona. La tengo sobre mi mesa de trabajo, esperando por la oportunidad propicia para devorar sus páginas. Jung es uno de mis autores favoritos. El secreto de la flor de oro, un texto taoísta y a la vez alquímico, escrito por Jung y Richard Wilhielm, ha acompañado muchos de mis insomnios. Al fin he llegado a comprender que el secreto de la flor de oro incita a descifrar el arduo camino que conduce al ser humano hacia la perfección. “El Camino no está libre de peligros —escribió Jung—. Todo lo bueno es costoso y el desarrollo de la personalidad pertenece a las cosas más caras”.
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Entre sus obras más conocidas el Sr Arocha no menciona "Los Ojos del Papel" o...."El tiempo es el diablo" como también le llaman algunos.
Si en mis tiempos de estudiante hubiera existido la Hipnología Multidimensional y la Autocuración Tántrica jamás hubiera agarrado una carrera clásica de ingeniería.
Como siempre, entre los autores favoritos de los entrevistados nadie menciona a Carpentier, que merecía también un Nobel, como Borges, y se conformaron con el Cervantes.