Con la imaginación se ha creado este mundo, el mundo que conocemos y del que disponemos, el mundo del lenguaje. Pero incluso imaginando profundamente no se ha podido crear el otro mundo, el de la inocencia, la belleza y el amor.
La imaginación no es creación, pero aun así crea algo. Crea ficciones. Por mucho que imaginemos la belleza, no será una creación en sí, verdadera, sino una ficción. La imaginación puede crear, pero será una ficción. La posibilidad de la imaginación es, única y exclusivamente, crear ficciones. Y esa es nuestra realidad, que nuestro mundo se basa en ficciones.El arte y la literatura de que disponemos son ficciones. Nietzsche dice que a no ser que el hombre se convierta en superhombre (una transmutación radical sobre los órdenes de la psicología) su base central seguirá siendo la de crear ficciones. Esa no es su naturaleza, pero se le ha vuelto un hábito natural. Por eso el hombre no es dado a encarar la vida tal y como es. No disfruta de la totalidad de la vida. O bien responsabiliza a otro de su angustia, o bien esa vida de sufrimiento la imagina como ficción. Se la imagina y entonces elige una parte de la totalidad. La elección, la dualidad, es imaginación. La imaginación –dice Kierkegaard— es angustia.
Este es todo el dilema de la creación en el arte. Incluso un hombre como Jorge Luis Borges sueña con la imaginación como si fuera el último Dios. Para Borges no hay nada más allá en el hombre que no pueda finalmente imaginar. La muerte se le presenta incluso como una ficción. Y la muerte es la angustia más desesperante.
La imaginación es un refugio y al mismo tiempo una defensa. La imaginación ha creado múltiples ficciones, como la ética. Ha creado la literatura como ficción. Y toda ficción en el fondo terminará creando malestar. Hoy el mundo es eso: un malestar de la cultura.
Borges se encuentra ante el dilema absurdo del soñar, de la función de imaginar. No ve ninguna lógica, a no ser la de imaginar, sobre el sueño de Chuang Tzu. O lo imagina o lo pierde, pero la felicidad en este mundo es pura ficción, es imaginación, no es real. ¿Por qué entristecerse o angustiarse por un simple sueño? Chuang Tzu había soñado --había imaginado-- que se había convertido en una mariposa feliz en un jardín. Al despertar del sueño a Chuang Tzu lo invadió la tristeza. Este relato es ficción. Es una estratagema de Chuang Tzu para que el ser humano deje de imaginar, que es lo mismo que decir: use la imaginación para dejar de imaginar.
Alguien que esté despierto verdaderamente no puede soñar, no puede imaginar cosas. La imaginación es, para todo ser humano que está en la penumbra de un profundo soñar despierto, una falsa conciencia poética. Y este relato fue un problema crucial en la vida intelectual de Borges: nunca despertó del soñar y su ceguera, aunque fuera real, resulta muy simbólica. Implica un mensaje: la humanidad está ciega; ha construido sobre la imaginación un reino de felicidad que es mentira. ¡Un mundo mágico!
Borges nunca preguntó quién observó la mariposa durante el sueño, quién observó a Chuang Tzu en su tristeza. ¿Quién observa a quien imagina esas cosas? Para ello hay que tener la capacidad de ver que todo en cuanto al mundo conocido es ficción, una construcción desde nuestros sueños y utopías. El hombre no ha llegado a ser todavía lo que es: un superhombre. En un maravilloso libro, Psicología de la posible evolución del hombre, Ouspensky llama a todo este proceso de imaginar “imaginazaciones”.
http://angelcallejas.wordpress.com/
Comentarios (4)
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2012-02-09 23:02:04 | anonimoQuieres provocar para llamar la atencion. Te das cuenta que el popular no eres tu?
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