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Ángel Velázquez Callejas: Represión del ego, enfermedad del texto

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En algún lugar del inconsciente el “intelectual” reprime su ego. El hecho de ser “intelectual” constituye una forma de represión. Pero hay un extremo donde el “ego intelectual” llega a enfermar. Si hay una definición correcta sobre lo que es un “intelectual reprimido” es esta: “Cuando el ego ha enfermado”. De esa enfermedad provienen el “figureo”, el “personaje”, la “envidia”, el “odio” y la “falsa creatividad”.

Y la sociedad se llena de intelectuales reprimidos, que se ocupan de mirar en los demás lo que echan en falta. ¿Por qué?

No hay forma más expedita de llegar al “éxito” que intelectualizar el ego, enfermar hasta el extremo. Estas personas llegan a crear una patología (una dependencia hacia el otro, la otredad) que he terminado llamando la “política del juego intelectual”. Esa política lleva al sufrimiento, a no poder desprenderse de la magia y la hipnosis del vocabulario, de las palabras. Ese vocabulario reprime la naturaleza del Ser.

Se trata de una psicología del ego muy sutil, casi imperceptible. Los “intelectuales” están cada vez más pendientes del uso del vocabulario y la estricta sintaxis, y por eso pierden la conciencia de Ser. No hay un equilibrio entre lo intelectual y lo experimental. Y por ese desequilibrio la visión se nubla y deja de crear. Eso es lo que constituye, en esencia, el ego intelectual reprimido: un mero juego de vocabulario y sintaxis in extremis.

Los “intelectuales reprimidos” están preocupados por la “belleza” del vocabulario y la sintaxis en el discurso escrito. No les interesa otra cosa. A eso le llaman “placer del texto”. Yo le llamo  “enfermedad del texto”,  porque aun bien escritos estos textos cierran las puertas al discurso del impulso poético de la vida. Son discursos enfermos y muertos en sí mismos.

Por eso puede apreciarse en la mayoría de ellos un casi perfecto uso del vocabulario y la sintaxis, pero no hay provocación, un incentivo textual por donde comenzar la búsqueda de lo trascendental.  No hallas en ellos poesía, sino una acumulación de palabras correctamente hilvanadas. Y esto es lo que están reprimiendo en el fondo, lo que los enferma, su falta de talento para cruzar a la otra orilla. Reprimen a través de definiciones, de palabras, lo que no pueden adquirir por medio de experiencias auténticas.

Por eso admiro cada vez más a Ouspensky. Fue uno de los intelectuales más avezados que haya  conocido el siglo XX. Poseía una extraordinaria erudición y una perfecta escritura, de esas que provocan en cualquier gramático o intelectual celos profesionales. Y sin embargo, las entregó  apasionadamente a la poesía, a la búsqueda espiritual. Esa combinación de escritura y poesía en la obra de Ouspensky es la que viene faltando en los abundantes intelectuales de pacotilla de hoy, egos que se reprimen a sí mismos por falta de creatividad y crecimiento.

Esos textos donde la poesía brilla por su ausencia son basura. Vaya usted a saber cuántos (“un poeta, todos los poetas” sembrados en una finca como postura para estiércol) de ellos tengo todos los días que echar al cesto de la basura. Y todo porque no contienen otra sugerencia que la del ego reprimido.

Comentarios (2)
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Comentario:
  • P
    para qué los lees? tan facil que es ser coinsecuente con lo que se dice
  • El basurero
    Como saber que son basuras, si no se leen....hay que leerlos, no crees,,,,,
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