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Carlos Alberto Montaner: Literatura y excrecencias

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Es curiosa la pasión española por las más repulsivas actividades fisiológicas. Los más grandes escritores españoles han dedicado parte de su ingenio a comentar las aventuras del ano y de la uretra: Quevedo, Góngora, Lope, Moratín, Iriarte, Samaniego. Incluso hay poemas burlescos anónimos debidos, casi seguro, a la mano sana de Cervantes.

La propia lengua española señala al jefe máximo, al mandamás, como “el que más mea”. Y los niños de la península suelen entretenerse en competencias de escupitajos o en el alcance de la micción de orina. La distancia entre el eyector y su proyectil parece ser tan importante que hasta Cela, en “La insólita y gloriosa hazaña del Cipote de Archidona”, narra épicamente el denso acontecimiento de una lluvia seminal desatada por un mozo, con la ayuda de su novia, dentro de un desdichado cinematógrafo rural.

No conozco otra literatura, como la española, en que tengan cabida tantos lapos, regüeldos, heces y flatos. Hay como un regodeo en las excrecencias humanas. Cuando y donde la lengua española logra su mayor calidad --en la picaresca del Lazarillo, del Buscón o de Guzmán de Alfarache-- es cuando y donde entran a chorros la mala digestión y los trastornos bronquiales. No es de los peores capítulos del Quijote aquel en el que Sancho, muerto de miedo, da de cuerpo (¡qué expresión más estúpida!).

Español tenía que ser aquel famoso pedómano catalán que a principios de siglo tocaba la Marsellesa con una trompeta colocada en el ano. Y en el otro extremo --no el del pedómano, sino del sentido de la frase--, cuando alguien no puede controlar sus esfínteres, esa penosa dolencia le convierte en blanco de las peores burlas. El último y más corrosivo ataque que solía hacérsele a Franco no consistía en que reprimía a sus adversarios ferozmente, sino en que no era capaz de reprimir su propia vejiga, poniéndolo todo perdido en las largas ceremonias de El Pardo.

Espero que estas reflexiones no irriten la pituitaria de los lectores. Creo que la prensa latinoamericana va ganando en profundidad y madurez en la medida en que se despoja de ciertos temores irracionales a las palabras. Claro, corro el peligro de que algún gracioso me acuse de haber escrito una crónica de mierda. Estoy dispuesto a correr el riesgo.

http://www.elblogdemontaner.com/

Comentarios (3)
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  • Agape
    Pues has escrito una cronica distinta!
  • Jacobo  - Algo más.
    Pienso que el maestro en tratar esos temas fue sin duda Quevedo. En "Historia de la Vida del Buscón" encontramos todo tipo de situaciones parecidas relacionadas con las excrecencias humanas, como cuando Pablos llega de novato a Alcala (como paje de su amo) y lo cubren de gargajos y escupitajos.
    Como dice Pablos: "...y yo, según lo que echaron sobre mi de sus estómagos, pensé que por ahorrar de médicos y boticas, aguardaban nuevos para purgarse. Dejáronme, y iba hecho jofaina de viejo a pura saliva..."
    Claro, que escrito por maestros de la literatura universal, como Quevedo, no resultan lo mismo que cuando de ellas hacen uso los malos escritores vulgares.

    Saludos, Jacobo
  • Aji relleno
    hay una gran diferencia entre el recurso de lo escatologico cuando se da con humor y cuando se da con pretensiones de "modernidad" desafiante. Como si acumular malas palabras diera algun componente original a la literatura. Eso de querer escandalizar con la suciedad humana es mas viejo que la leche de vaca!
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