Jueves 20 de Junio

Actualizado 03:42:24 AM EST

Usted está aquí: OPINIÓN Neo Blogs Carlos Alberto Montaner: Una entrevista con Enrique Labrador Ruiz


Carlos Alberto Montaner: Una entrevista con Enrique Labrador Ruiz

  • PDF

1_MONTANER

Enrique Labrador Ruiz había llegado al exilio. Se dice fácil, pero Enrique tenía setenta y cinco años. El exilio es siempre una forma de volver a empezar. Es cavar, lentamente, bajo los pies, para ir hundiendo las raíces propias en el suelo extraño. A los setenta y cinco años ya uno es sólo raíces. Y uno está cansado. Y a uno le duelen los recuerdos como si fueran hijos muertos. Aquella palma. Aquella playa. Aquella mirada de amor, de odio, de cualquier cosa. El manotazo frío del “norte” habanero. El último abrazo de Lezama Lima, la mirada indigna y esquiva de Nicolás Guillén. El “tú también te vas, Enrique” de un Pepe Tallet, lloroso y solitario. Pero Enrique y su mujer Cheché --medio siglo juntos y revueltos-- se fueron. Se exilaron. La nostalgia es menos dolorosa que el asco.

Labrador tenía una obra más intensa que extensa: 12 libros publicados y media docena inéditos. Era, sin duda, uno de los más importantes escritores cubanos. Y probablemente el más cubano --en su literatura-- de todos ellos. Por la literatura cubana contemporánea pasa una raya misteriosa que divide a los autores en vitales y cerebrales. Si pudiera probarlo --no puedo-- me gustaría decir que unos son escritores y otros son literatos. Novás Calvo, Montenegro, Labrador Ruiz, serían los escritores vitales. Lezama, Carpentier o Sarduy serían los literatos cerebrales. Cabrera Infante se bambolea en medio de la cuerda. Esa raya pasa también por la prosa suelta: los escritores tienen un largo oficio de periodismo y en consecuencia una lengua ágil y transparente. Los literatos se encandilan con la estética barroca y escriben, fundamentalmente, en revistas de élite. Pero, insisto, soy incapaz de ahondar en esa observación: hay mil matices y excepciones que acabarán por embarullarlo todo.

Y bien: iba a entrevistar a Labrador. Y no podía hacerlo de un modo lineal. Labrador hablaba inconteniblemente. Contaba anécdotas, decía cosas ingeniosas, se abismaba en temas difíciles. Todo esto lo hacía a la vez, como un mago de la palabra. Yo lo he visto en una librería madrileña deslumbrar a una peña de indeslumbrables literósofos. He visto el raro espectáculo de un mano a mano entre Labrador y Gastón Baquero, otro hablista colosal, en medio de un restaurant madrileño, y he notado cómo se apagaban las voces en las mesas circundantes con el evidente propósito de oírlos. A los postres, increíblemente, hubo aplausos en el restaurant. Esto, en un país de “palabreros y memoriosos”, como decía Baroja, era insólito. Lo que ocurre es que el insólito era Labrador Ruiz. Por eso resultaba tan difícil entrevistarle.

Una versión más amplia de este artículo apareció en “De la literatura considerada como una forma de urticaria” (1980). Cortesía http://www.elblogdemontaner.com/

Comentarios (0)
+/- Escribir comentario
Tus detalles de contacto:
Comentario:
More articles :

» Carlos Alberto Montaner: El espíritu social de los cubanos

» Otra vez adiós, la mejor novela de Carlos Alberto Montaner

» Carlos Alberto Montaner: Literaturas latinoamericanas

» Carlos Alberto Montaner: Anatomía de un intento de asesinato de mi reputación

» Carlos Alberto Montaner: Los bordes de nuestro tiempo