La pregunta contiene el sabor de la poesía en actos, de la acción sin idea. La pregunta sólo oculta un ardid, una estratagema, para burlar el cerco del ego y todas sus posibles respuestas.
Alicia va preguntando y nada es respondido. En el país de las maravillas nadie está para responder semejante pregunta. Hay muchas indicaciones, pero nadie que diga “yo soy tal cosa”. Nadie puede decir “yo soy al mismo tiempo un caballo y una vaca”. No hay dualidad comparada. El yo no existe; en los sueños existe una totalidad compartida e indefinida. La bruma sustituye al yo, porque quien sueña no es el yo. La pregunta se ha hecho una y mil veces porque los sueños han cambiado la pauta de la mente racional. Sólo en la vigilia nos hacemos esa pregunta, porque los sueños nos la imponen. Los sueños son la mejor manera de indagar si es verdad que existe el yo, si existe una demarcación entre Yo y Tú. Si no sueña el yo, entonces, ¿quién soy yo?
La pregunta es del yo sobre el propio yo. ¡Un absurdo! Es como que una pregunta se pregunte a sí misma. Por eso los sueños se nos presentan como absurdos, un caos. Esa es la premisa: que confíes más en los sueños. Ellos indican, más que una pregunta, una búsqueda. Martí se hizo la misma pregunta, “quién soy yo”; y ahí está la respuesta: Patria, PRC, guerra, la nación, todos sueños revelados. Pero eso no es la respuesta…
Yo sin respuesta, dichoso, soy la respuesta. El yo soy no es para autodefinirme, sino para liberarme.
Comentarios (2)
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2012-06-27 13:25:24 | CallejasExcelente comentario, amigo. Es bueno que se produzca la tensión. Porque la tensión es una manera de responder existencialmente. Quién soy yo no es una pregunta para ser respondida intelectualmente sino existencialmente. La respuesta es que no hay pregunta. La pregunta se disuelve en la propia búsqueda. De ahí la tensión.
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Gracias, amigo, tus escritos a veces me ponen en tensión. Un abrazo, Manuel