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Ángel Velázquez Callejas: ¿Quién soy yo?

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Todos los sueños responden de algún modo a esta pregunta. Las andanzas de Alicia por el país de las maravillas revelan el contenido oculto de esta interrogación, de esta revelación: nadie sabe a ciencia cierta “quién soy yo”. El hecho mismo de atrevernos a hacer la pregunta confiere a la respuesta la certeza de que en el fondo no sabemos absolutamente “quién soy yo”. ¿Por qué entonces la pregunta? Esta es una de las claves ocultas de la vida esotérica: la pregunta nunca ha sido planteada para ser respondida, sino para iniciar una búsqueda.

La pregunta contiene el sabor de la poesía en actos, de la acción sin idea. La pregunta sólo oculta un ardid, una estratagema, para burlar el cerco del ego y todas sus posibles respuestas.

Alicia va preguntando y nada es respondido. En el país de las maravillas nadie está  para responder semejante pregunta. Hay muchas indicaciones, pero nadie que diga “yo soy tal cosa”. Nadie puede decir “yo soy al mismo tiempo un caballo y una vaca”. No hay dualidad comparada. El yo no existe; en los sueños existe una totalidad compartida e indefinida. La bruma sustituye al yo, porque quien sueña no es el yo.  La pregunta se ha hecho una y mil veces porque los sueños han cambiado la pauta de la mente racional. Sólo en la vigilia nos hacemos esa pregunta, porque los sueños nos la imponen. Los sueños son la mejor manera de indagar si es verdad que existe el yo, si existe una demarcación entre Yo y Tú. Si no sueña el yo, entonces, ¿quién soy yo?

La pregunta es del yo sobre el propio yo. ¡Un absurdo! Es como que una pregunta se pregunte a sí misma. Por eso los sueños se nos presentan como absurdos, un caos. Esa es la premisa: que confíes más en los sueños. Ellos indican, más que una pregunta, una búsqueda. Martí se hizo la misma pregunta, “quién soy yo”; y ahí está la respuesta: Patria, PRC, guerra, la nación, todos sueños revelados. Pero eso no es la respuesta…

Yo sin respuesta, dichoso, soy la respuesta. El yo soy no es para autodefinirme, sino para liberarme.

Comentarios (2)
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Comentario:
  • Manuel Gayol Mecías  - El misterio cotidiano
    Me parece muy ineresante. Pero todavía no puedo discernir hasta qué punto "no hay respuesta", puesto que en el sueño, por mi propia experiencia de soñador en acto, hay una transfiguración narrativa y otra poética. Y en la primera, que va desde la duermevela y la región alfa hasta los senderos oníricos del Hades, hay una acción en la que nos desdoblamos en un -más que narrador- observador, y otro como protagonista. Y me pregunto: son dos yoes?, dos egos?, un desdoblamiento narcisista; o son: el alma que observa al ego (al protagonista) que cumple con la agonía de una historia? Quién es el que se narra a sí mismo en el sueño? Es que el observador, el que narra, es el alma, que de alguna manera le da la posibilidad al ego de que se encuentre con ella? Es que el encuentro transcurre, en medio de la madrugada, en la segunda gran etapa, onírica, del sueño, donde el surrealismo está asentado como un borboteo de imágenes, reproduciendo el caos de otros mundos, de otras dimensiones? En este momento es cuando uno si acaso puede percatarse de que el desdoblamiento cesó y sólo sientes la locura. Te conviertes en un sentimiento, en un fluido de energía que vuelve a subir a la tercera etapa, que es Omega, al sentido paradisiaco de algo inexplicable. Es como una restauración de la mejor condición, divina, del ser humano; es como el reencuentro con una fuerza que ya no es oscuridad, sino luz: poder, libido, sensualidad, reconocimiento del mundo y del universo... Pero esta etapa termina, es solo un atisbo, el vislumbre de que hay algo más dentro de uno, algo divino, algo crucial que está en el origen mismo de todo, de nuestro particular Big bang... Entonces viene la cuarta etapa donde el ego empieza a reconocerse en otra acción, en otro sueño: es el regreso del viaje, dormido, a la Imago, en el que de lo poético vuelves a pasar a lo narrativo, a la prosa y hasta al prosaismo (incluso, de lo erótico a lo pornográfico); te contaminas con experiencias concretas que has vivido y que, de alguna manera inconsciente, te marcaron. Es una mezcla de acciones diferentes (quizás diversas historias que se hacen una: turbulenta, riesgosa, sensual y sensible) y despiertas. Pero ha sido tan intenso y confuso el viaje que no aciertas en el recuerdo, no puedes hilar todo lo que soñaste. Solo te queda la sensación de algo horrible o divino... Y la mayor parte de las veces, no puedes saber que pasó, en realidad, quién fue el que viajó, si fuiste tú o algo o alguien que está más allá de ti.

    Gracias, amigo, tus escritos a veces me ponen en tensión. Un abrazo, Manuel
  • Callejas
    Excelente comentario, amigo. Es bueno que se produzca la tensión. Porque la tensión es una manera de responder existencialmente. Quién soy yo no es una pregunta para ser respondida intelectualmente sino existencialmente. La respuesta es que no hay pregunta. La pregunta se disuelve en la propia búsqueda. De ahí la tensión.
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