El humano ansia acceder a esos poderes para ejercer mejor control sobre la otredad. De ahí la historia como discurso posible. Un historiador es un iniciado en la historia, asume el poder de la historia. Tiene poder sobre la memoria, sobre el pasado. Un poeta es un iniciado en la poesía, un matemático en las matemáticas, y así hasta arribar a una innumerable derivación de iniciaciones. Nietzsche dice que todo el mundo busca poder para dominar de algún modo. El poder tiene muchas degradaciones…
Por tanto, existen muchos tipos de iniciación. Pero hay una simple, natural, enraizada en nuestra naturaleza intrínseca, que no necesita de ningún ritual, de ningún personaje, de ninguna institución social, pero que no es atractiva a los fines del ego, a los fines del poder y, paradójicamente, es la del mayor poder: la iniciación en la vida.
Esta iniciación en la vida, que es la definitiva y última, no da poder sobre nadie, sobre el otro, sino sobre uno mismo para abandonar todas las iniciaciones posibles, incluso la de la propia vida. Esta iniciación es la del “poeta en actos”. Por ejemplo, nos iniciamos en la santería, el palo monte, el espiritismo, la masonería, en los rosas cruces, la teosofía, la antroposofía, en el cuarto camino, en el budismo, en el cristianismo, en miles de cosas en el orden religioso y cultural, pero nunca vemos en la vida una posible iniciación. Nunca hemos mirado en nuestra individualidad iniciática. Siempre hemos estado pendientes de que alguien, secta o instituciones secretas y religiosas, nos inicie. Todas estas iniciaciones nos dejarán en el umbral del poder, en la fuerza mágica del poder. De ahí la magia, la brujería, la “cantidad hechizada”.
La iniciación en la vida es el mayor potencial para el hombre. No depende de nadie, solo de la libertad. No depende de ningún poder espiritual y mental, sino del amor como poder. Y como con el amor no se puede dominar a nadie, solo crear una armonía, nadie quiere iniciarse en la vida. El hombre siente como que se desvalúa si pierde poder. La frase “conocimiento es poder” es degradante. Refleja una actitud autoritaria y egoísta del poder. Por ejemplo, en el orden literario Orígenes fue una entidad literaria de iniciación. Lezama daba “iniciación simbólica” a sus discípulos del Curso Délfico; mandaba a leer determinados libros. Te iniciaba en una “nueva poética”. Daba poder sobre lo demás fuera del círculo origenista. Orígenes era un centro de puro egoísmo intelectual. Quizás esto explique la verdadera circunstancia que llevó a Virgilio Piñera a disentir con Lezama. Virgilio sentía la angustia del poder.
Virgilio intentó entonces iniciar a muchos intelectuales en el existencialismo. Yo, con mi angustia, intento iniciar a muchos en la vida. Y esta es la diferencia esencial: mientras estemos iniciados en cualquier corriente que no sea la de la vida misma, la iniciación será un fracaso a posteriori. Nada de nuestra naturaleza intrínseca, a no ser el poder, será alcanzado. La libertad será una posposición, una espera constante. De ahí toda la frustración del hombre.
Comentarios (5)
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2012-07-20 17:09:24 | Juan Carlos Recio - Vivir desde el conocimiento sobrelo importante de entenderlo y que en ello concedas todo lo que pueda suceder seguidamente, bueno o malo, (nos lleve o no, a otros o tal vez a uno mismo), pero tal acto, es ya afrontar que no se complementa con apararentar la de unos terceros encaramados sobre la nuestra, o fingir que la nuestra supera la de los otros; _ si es mejor _, se debe a no temer a casi nada, a cada momento que inicias y terminas con la seguridad que ni el ego, ni la existencia ruidosa o apasionada para resaltar una visibilidad que no te corresponda y confundirlo gratuitamente con "mi modo de vida", es en verdad un poder sobre el fracaso. Vivir primero es una premisa: pasar del riesgo a que aprendas a tenerte todo el tiempo sobre un ideal que transparenta la realidad de lo que eres, y si tienes mucha suerte, disfrutarlo.
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2012-07-21 06:00:24 | Kiko Arocha - "Con el amor no se puede dominar a nadie".Para pensarlo, amigo Callejas.
El amor de madre, quizás el más fuerte y puro ¿imposibilita la dominación?
¿Es imposible amar al dominado?
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2012-07-21 06:34:43 | Cristina FernándezMuy de acuerdo contigo, Angel, en tus observaciones sobre el poder y la iniciación. Lo que ocurre es que esa alternativa que es la iniciación en la vida, a través del amor y la libertad, queda fuera del alcance de la gran mayoría porque la educación a la que el hombre hoy puede acceder, está distanciada de la vida misma en casi todos sus aspectos. ¿Cómo conciliarlas una y otra? Ese es el reto, el disentimiento a los obstác**os a la iniciación, en el que aparecerán disímiles respuestas, tantas como experiencias se den en cada quien que esté en búsqueda. saludos.
M. Cristina
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2012-07-27 12:25:01 | Alberto Lauro - AngelUn dato para hacer esto algo lúdico. ¿Y de la iniciacón sexual, qué? En Holguín había un prostibulo de una señora muy respetable llamada Eufrasia. La palabra vulgar para denominar su local era la palabra "bayú" que no sé de dónde viene. Eufrasia daba unas limosnas más que generosas a la iglesia y sus empleadas, "las muchachitas del bayú de Eufrasia" iban a misa de seis de la mañana. Allí se "iniciaba" sexualmente a los jóvenes holguineros antes de 1959. Te progongo un tema poco tocado en Cuba aunque sí en Francia: "sexo, ego y poder". Saludos. Alberto Lauro.
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2012-07-29 01:03:51 | callejasAlberto, el sexo es el mayor poder de los poderes. De su lado perverso surgió el psicoanálisis y casi todo lo que conocemos hoy. La literatura shakesperiana y quijotesca procede de una neurosis sexual. Fíjate en la agonía del Quijote y de Hamlet. Son puramente agonías sexuales, constantemente interactuando con el otro. Tanto el “Imperie State” como la “Plaza de la Revolución” en La Habana se erigieron motivados por el deseo sexual. Detras del humano esta esa fuerza impulsora. De esas tres palabras, sexo, ego y poder, se desprende la palabra bayú. Las tres significan lo mismo; dentro de un bayú las muchachas pierden su identidad, son objetos de la sexualidad. Por cierto en estos días estaba leyendo el libro de Adler, El sentido de la vida, donde explica cuales fueron las cosas que lo motivaron a separase del psicoanálisis de Freud, y una de ella era sobre el reducido horizonte científico de la libido en su fase sexual. Adler presuponía a la voluntad de poder como una psicología individual, pero al mismo tiempo admitía que el sexo debía de estar represente en dicho contexto. Te imagina que bayú es este. Así es como, en un sentido lúdico, debería comprenderse este mundo: un bayú. El sexo es la naturaleza iniciática del hombre. La naturaleza biológica nos inicia en el sexo desde el nacimiento y la vida quiere iniciarnos en su transformación. Por lo tanto, amigo mío, Foucault tiene razón en parte cuando dice que “poder y sexo” son una misma cosa. El género humano comienza a preguntar que cosa es el poder, a interesarse por ello, cuando ha llegado a su madurez sexual. Por ahí, por la adolescencia, por los 16 anos, un Fidel Castro, un Stalin, un Mao, se inicia en la locura del poder. Todo parece indicar que en el bayú de Eufrasia se daba cierta notoriedad a los prejuicios sexuales de la época como era natural; por esa razón “las muchachitas del bayú” –imagino yo-iban de misas a las seis de la mañana”, una forma de psicoterapia sexual auspiciada por la iglesia (el poder). Te dejo a ti que elabore toda una novela sobre este hecho en Cuba. Me parece formidable.
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