El viaje interestelar es polémico; la barrera de la luz es difícil de superar y se tendría que dejar atrás la Relatividad Especial para hacer uso de la Relatividad General y de la Teoría Cuántica.
Kurt Gödel —acaso el matemático más sobresaliente de la historia— logró solucionar teóricamente el viaje en el tiempo, precisamente utilizando las ecuaciones de quien lo negaba, del propio Einstein, demostrando que los remolinos del “río del tiempo” se curvaban sobre sí en un círculo, por lo cual en el Universo el tiempo era un fluido rotante, y permitía retornar al punto inicial, pero en el pasado. Einstein quedó perplejo porque la ecuación de Gödel contenía las soluciones que él pensaba eran imposibles de lograr, y sólo atinó contraponerla con la discutible noción de que el Universo no rota, sino que se expande.
El físico Stephen Hawking defendió la consideración einsteniana argumentando que hasta ahora no nos habían visitado desde el futuro. Pero el propio Hawking tuvo que doblegarse ante la implacable lógica del teorema de Gödel, aceptando el viaje en el tiempo.
El viaje en el tiempo está plagado de distintos tipos de paradojas, como la del viajero que regresa para ver morir a sus padres antes de haber nacido: la del viajero sin pasado porque retorna continuamente. Otro misterio concierne a los universos paralelos; según la teoría gravitatoria de Einstein, el espacio-tiempo es un tejido que se distorsiona por la materia y energía.
Los físicos Roy Kerr y Kip Thorne trabajaron las ecuaciones de Einstein postulando que el campo gravitacional no era infinito en el centro, permitiendo el viaje a través del puente Einstein-Rosen a otro Universo sin perecer. Lo que sí es innegable es que las ecuaciones de Einstein para la gravedad permiten el viaje en el tiempo. Dado que ambos extremos vinculan dos eras temporales, se ingresa en el agujero negro en una época y se sale en otra fecha distinta. De esta forma incongruente, con cada giro de la máquina del tiempo la historia cambiaría.
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