Vigilia, ensueño, sueño y despertar: son estas las cuatro fases de la “conciencia”, las que regularmente conocemos, por las que atraviesa el hombre durante un día de vida. Un día de vida que puede ser una vida entera y también una eternidad. Pero hay otra fase, de la que se habla poco, en la que el hombre puede experimentar la muerte (separado) estando vivo su cuerpo:
Se le puede nombrar, aunque es muy paradójico, “muerte definitiva” o “muerte espiritual”.Ahora bien, como para comprobar esta fase el hombre aún no dispone (como ya cuenta para otras fases) de un instrumento de medición, muchos científicos que trabajan en el área de la neurociencia han considerado la propuesta dentro de lo que se conoce como “muerte clínica”. Para los neurocientíficos no habrá “conciencia”, un coma, pero el cuerpo físico sigue vivo. En cambio, para los meditadores la “muerte definitiva” presupone que la entidad donde se lleva a cabo la experiencia puede estar muerta tanto en el cuerpo físico como en la “conciencia”, pero al mismo tiempo la “conciencia” puede estar presente en todas partes. Gurdjieff, maestro espiritual de los más destacados en el mundo de los misterios, habla mucho sobre esto en unos de sus libros, La vida es real sólo cuando yo soy.
A manera de recordatorio, quisiera exponer (o resumir) cómo yo entiendo lo que suele llamarse “muerte definitiva”, partiendo por supuesto de los textos de autores y experimentadores como Gurdjieff.
Para estos autores, “vigilia” significa un estado de conciencia mínimo. Podemos razonar, imaginar, pero no estar conscientes de que la vida es. En “vigilia” se pueden hacer muchas cosas, pero una sobre todo, una de las más importantes, es crear un personaje, teatralizar la vida. “Vigilia” quiere decir teatro, comedia. Y el hombre en “vigilia” crea un gran teatro sobre la vida; la “vigilia” es hasta un modo para fingir. Es el estado de la naturaleza del ego y de la voluntad de poder. Por ejemplo, el arte en “vigilia” (la creación artística) es sofista. Por eso cuando leemos una novela, un cuento, un ensayo o un poema y surten en nosotros esa sensación de atraparnos a su cadena discursiva (mágica), estamos ayudando a crear un teatro narrativo compartido. Nada de esto hace consciente al hombre sobre la vida. En “vigilia” solo aparentamos estar despiertos, conscientes, pero en el fondo, en el interior, subyace una corriente de ensueño. Los ojos parecen estar abiertos (y lo están), pero en ellos no fluye la conciencia de la visión, sino las proyecciones de los ensueños.
El “ensueño” se considera una etapa intermedia entre la vigilia y el sueño. Para poderse ir a dormir, al hombre le es necesario entonces soñar. De no poder soñar, no podrá dormir. “Ensueño” quiere decir base ficticia para poder dormir. El “ensueño” protege al sueño, porque hay ciertas realidades en el ensueño que le hacen creíble al sueño poder dormir. Si se sueña con un viaje astral podemos dormirnos. Si soñamos con fantasías sexuales también podemos. Tenemos que soñar con algo para poder dormir. De lo contrario, la lógica del sueño provocará una muerte.
Picasso, el pintor cubista, hablaba en sus memorias de que soñaba constantemente con lo destructivo. ¿Por qué? Al completar sus cuadros en la fase de la vigilia, no dejaba espacio para la ensoñación. El inconsciente necesitaba entonces crear sus propios ensueños para que Picasso pudiera dormir. De ahí que soñara con lo destructivo, porque se acercaba a un tipo de muerte. Pero el inconsciente tiene sus propias emergencias.
El “sueño” es un descanso tanto de la vigilia como de los ensueños. Es una fase importantísima. Si no duerme, el hombre puede morir. Por tanto el sueño se le presenta como un mecanismo natural para alimentar la energía de la vida, la energía primordial. Durante la fase de vigilia y ensueño, el hombre pierde energía vital, pero mediante el “sueño” la recupera. Entonces Marx estuvo equivocado en principio, porque para hacer sexo, filosofía y arte, lo primero no era necesariamente la comida, el alimento y tener un techo: lo primero era dormir. Es que incluso para comer se necesita primero una energía vital. Pero casi todas las tendencias culturales e intelectuales hoy en día creen en ese postulado de Marx.
El “sueño” es realmente una fase que dura muy poco tiempo; al menos unos veinte minutos son factibles para recuperar la energía necesaria e incorporarse a la vigilia. Más que todo, en la supuesta fase de “sueño” lo que ocurre sobre todas las cosas es una preparación para poder dormir realmente. Esa preparación es dable a través de los ensueños. Pero como hay una inconsciencia sobre los ensueños, el diapasón de duración del sueño no puede prolongarse más allá de esos veinte minutos. Al ocurrir una “conciencia” sobre los ensueños, el despertar aparece, los ensueños desaparecen, la vigilia desaparece. ¡Has muerto!
“Despertar” es la cuarta fase de la “conciencia”. Es como la muerte sobre los ensueños durante la vigilia y el sueño. Cuando Gurdjieff dice que “la vida es real sólo cuando yo soy” se estaba refiriendo a esa cuarta fase que, desde luego, comporta una muerte respecto al pasado, a la historia, al personaje, a los condicionamientos y las identificaciones. Es una muerte intermedia, porque aún, según él, es necesario dar muerte a la conciencia misma. Se trata de algo muy misterioso y esencial: de la muerte definitiva y trascendental.
Cuando a José Martí le alcanza la muerte en Dos Ríos, no se trata de una muerte definitiva, sino intermedia. ¿Qué se quiere decir con “muerte intermedia”? Que sobrevivirá; sus pensamientos y emociones sobrevivirán convertidos en legado. Y Gurdjieff dice que esta es la situación primordial por la cual se han creado la vigilia y los ensueños. Dependemos de los legados; de ahí la necesaria muerte definitiva. En este sentido, el legado martiano es parte de la creación de la vigilia y los ensueños de la identidad cultural cubana. Por ejemplo, Virgilio Piñera se resiste al Paradiso de Lezama, no lo acepta; Lezama no acepta la inevitabilidad del dolor y la angustia del ser. Ambos están renunciando a algo, uno a la vigilia (Lezama) y otro a la ensoñación (Virgilio) del legado martiano. Martí nos lega dos cosas intrínsecas en la naturaleza actual de la cultura cubana: la melancolía y la idea del paraíso.
“Muerte definitiva” no es una renuncia a medias, sino total, definitiva. Es no dejar nada para nadie, ni para uno mismo. No dejar nada al pasado y al futuro, porque con el futuro nos enganchamos a muchas muertes intermedias. Muere Kafka y se abre una corriente de ensoñación para la literatura del absurdo. Muere Lezama y encuentra terreno e incentivo para los soñadores de la metatranca. ¡Y todos suspiramos por dejar un legado! Es la lucha que incentiva el ego, la voluntad, la “conciencia lúcida”.
Cuando oigo a determinados intelectuales decir “quiero realizar mi obra para dejarla como legado”, me asalta la risa. Los veo incurrir en la tontería, en la banalidad de la muerte intermedia. A menos que el “despertar” traiga consigo una “muerte definitiva”, no habrá liberación total en este mundo.
Comentarios (3)
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2012-08-02 12:32:55 | Ernesto Ramírez - La muerte definitivaEstimado Ángel, gracias por su columna, muy interesante, pero al escribirla en Internet, no estará también dejando un Legado, incluso mucho más duradero y de mayor alcance? Gjurdjieff también sostenía que para lograr algo verdadero, debía trabajarse con un Maestro vivo, de carne y hueso, precisamente No con los legados de maestros muertos...agradezco sus comentarios, Saludos!
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2012-08-02 14:53:02 | callejasErnesto, esa es la dificultad; a veces negar las cosas conllevan también a un legado. El lenguaje es de por sí una prostituta. Estoy plenamente de acuerdo contigo. Yo no soy un Maestro, por eso tengo que acudir a estos medios, y el internet es un vehíc**o expedito para crear legados. El propio Gurdjieff tuvo que escribir largos libros para dejar entendido eso que tú reclama. Pero tu pregunta es fundamental. Escribiré un post para tratar esa inquietud tuya.
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2012-08-03 09:18:41 | Juan Carlos Recio - No se trata de dejar, sino de hacer sin que importLa muerte, la Santa muerte, la visitada y la de los muertos vivos, un tema muy extenso sin dudas. Creo que uno lleva sus muertos y va con ellos a zonas donde comunicar sobre hechos prácticos y cotidianos nos sirven y guían; algunas muertes no son reales y otras suelen ser como la calidad de la vida, depende mucho de lo que podamos lograr, pero la definitiva es un paso a iniciar otra también definitiva, no siempre volver al polvo debe interpretarse como desaparecer, con él se esparce al viento, tal vez, la esperanza de que todo tiempo futuro tiende a ser bello.
Buen post,
JC Recio.
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