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Ángel Velázquez Callejas: Joad y la creencia como represión

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Uno de los más importantes filósofos ingleses del siglo XX, Cyril Joad, declaró en uno de sus últimos libros, The Recovery of Belief (1952), que los fundamentos agnósticos en que se basó durante toda una vida para disentir, negar y criticar otros principios filosóficos, se vieron electrizados, menguados, momentos antes de su muerte. Los fundamentos básicos de Joad se erigían sobre cómo pensar en  dudar. La duda era todo para su filosofía, porque la mente toma una estructura mecánica en cómo dudar. Fue así como Descartes encontró la racionalidad del cogito. Y Joad tuvo gran éxito con esta fórmula, pues más de una decena de libros publicados en Londres lo hicieron tremendamente popular.

Pero un hecho destronó esa popularidad. Cuando se le aproximó la muerte, anunciada por sus médicos a raíz de una trombosis y un cáncer terminal, Joad comenzó a revisar sus postulados e  intentó derribarlos; ante la llegada de la muerte se puso a estudiar en tanto cómo dudar de sus propios fundamentos, de cómo dudaba. Él no creía en nada, pero desde ese momento le fue imposible, al menos, dudar de la certeza de la muerte. De ahí que, a partir de esa certeza, escribiera The Recovery of Belief. Demolió el viejo edificio de casi una vida y reconstruyó sobre él uno nuevo.

En sus días finales –ironía de la Historia-- Joad se convirtió al cristianismo y excomulgó sus pecados de agnóstico. Había criticado irónicamente los postulados en los que se basaban muchas religiones, la filosofía idealista y materialista, pero mayormente, casi con furor, se reía sarcásticamente de la expresión de Gurdjieff  “recuerdo de sí”. Se preguntaba a través de sus alocuciones filosóficas por la radio de la BBC qué cosa era eso de “recuerdo de sí”, de estar centrado, de que el hombre es una máquina. Dudaba y negaba que existiera un “recuerdo de sí”. Pero como el miedo a la certeza de la muerte lo había sometido y reprimido hasta la médula, en el inconsciente ya no se disponía a dudar y llamó a Gurdjieff para que le explicara --quizás para consolarse, quizás para pedir perdón-- en qué consistía ese “recuerdo de sí”.

El encuentro fue, explica el propio Joad en sus memorias, una revelación para él. Gurdjieff le sugirió que se olvidara de si existía o no un recuerdo de sí y se diera cuenta que toda la filosofía agnóstica era una creación de su mente. Dudar era una creación de la mente, una falsificación. Y, aunque Joad aceptó, su mente le jugó otra mala pasada: le inventó la creencia en el cristianismo.

Joad pasó del agnosticismo a la creencia, de la duda a la certeza de que hay que creer en algo. Y en el fondo lo mismo viene haciendo toda la humanidad; el miedo, la represión, provocan que se mueva en péndulo desde la racionalidad aparente a la desconstrucción incesante de la expresión del lenguaje. La escritura, el texto, el lenguaje, constituyen una variable modificada de represión en el inconsciente humano. La escritura es una manera de expresar lo tanto que hemos sido reprimidos por la cultura.

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