La causa por la que Mitt Romney encuentra tanta resistencia entre los votantes republicanos a pesar de sus ingentes inversiones de campaña, no es su falta de atractivo, sino su moderación. Quienes deberían constituir sus votantes naturales no lo perciben suficientemente conservador. Pero que nadie se engañe: en una pelea cuerpo a cuerpo con Obama lo apoyarían sin fisuras.
Los mismos conservadores, los más duros entre ellos, votarían en masa por Romney aun habiéndolo rechazado en las primarias. Todo con tal de mudar de residencia al actual inquilino de la Casa Blanca.La imagen sosa, o artificial, ofrecida por el ex gobernador de Massachusetts durante las primarias de 2008, ha mejorado ostensiblemente, al punto que ahora mismo resulta mucho más creíble. Romney ha aprendido, ya no luce tan pretencioso como hace cuatro años y se maneja con soltura en público. Y la pelea que le está dando Rick Santorum resulta, en este sentido, inviable. Aun cuando la ganara.
Y es que, fuera de Romney, no existe ahora mismo candidato republicano en funciones con suficiente pegada y recursos como para enfrentar a Obama en noviembre. Sólo resta que en una extraordinaria decisión de última hora los sesudos del partido del elefante se saquen un as debajo de la manga y lo arrojen sobre la mesa. Súbito y aplastante. En definitiva sesudos hay, y competentes precandidatos todavía invisibles. Y esto es América.
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