Alan Gross, el subcontratista estadounidense encarcelado desde hace dos años en Cuba por un supuesto delito de espionaje, pudiera estar en peligro de muerte, según se infiere de la negativa del régimen cubano a ventilar los resultados de los análisis médicos que se le practicaron en mayo último.
Peter Kahn, abogado de Gross, intuye que su cliente puede tener una grave enfermedad dado que los resultados médicos aún no han sido remitidos a los doctores estadounidenses, como en los casos anteriores, y ello a pesar de habérseles solicitado reiteradamente a las autoridades cubanas.En un último parte médico, al rehén estadounidense de los Castro se le diagnosticó enfisema, artritis degenerativa grave y un hematoma en el hombro. Según declaraciones de su esposa Judy Gross, no está recibiendo el tratamiento médico adecuado.
Aunque la justicia estadounidense permitió a uno de los cinco espías castristas de la Red Avispa, René González, viajar a Cuba en la primavera pasada, recientemente Raúl Castro se negó a conceder un permiso a Alan Gross para que viajara a Texas a ver a su madre de 90 años de edad que padece cáncer de pulmón. Un extremo de crueldad que no ha pasado desapercibido para los analistas del caso.
Gross, de 63 años, fue condenado a 15 años de cárcel en marzo de 2011 tras llevar a la Isla equipos y celulares con el objetivo de fomentar el acceso a la información en Cuba, sobre todo entre la comunidad judía a la que pertenece.
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