Entonces, la sociedad venezolana parecía haber entrado en un proceso de maduración. Significativamente, lo hacía aupada por un movimiento estudiantil que, tras la derrota chavista, debió haber asumido el liderazgo de una nueva oposición y continuar creciendo estructural y políticamente. No es seguro que eso haya pasado, pero ese parece ser el camino. Un dato que debe tener muy en cuenta el candidato opositor, Henrique Capriles, y en general todo el movimiento antitotalitario en Venezuela.
Será empujado por la juventud –el propio Capriles encarna ese espíritu juvenil-- que el detritus castrochavista desaparezca por la cloaca de la Historia. Desde siempre, los regímenes totalitarios, sean de izquierda o derecha, comunistas, fascistas, populistas, “bolivarianos”, han debido buena parte de su efectividad política a su simbolismo. De manera que cuando tienen enfrente una fuerza de choque de tan alto contenido mediático y/o simbólico como la de los jóvenes, como la de los estudiantes, se encuentran con la horma de sus zapatos. En esa dirección deben remar Capriles y la oposición de cara a las elecciones de octubre. Es hora de reactivar el motor mediático de la juventud en las calles.
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