El próximo 24 de febrero se conmemora una vez más el inicio de la guerra de independencia liderada por José Martí contra el despótico coloniaje español. Ante esa fecha se hace necesario reflexionar sobre la situación que vive Cuba bajo la bota de los hermanos Castro.
En 1978 se fundó el “Comité Cubano Pro Derechos Humanos”, que por primera vez denunció a la comunidad internacional los atropellos del régimen. Después, siguiendo ese ejemplo, se formaron infinidad de organizaciones que durante los últimos 32 años han demandado pacíficamente la democratización del país.
Todos esos llamados a un cambio pacífico hacia la democracia, que se han hecho a través de los años y que se han dado a conocer en diferentes documentos y proposiciones ―como La Patria es de Todos, el Proyecto Varela y La Asamblea para Promover la Sociedad Civil, por mencionar los de más relevancia―, han fracasado. El régimen siempre ha respondido a una solución pacífica enviando a la cárcel a los opositores más contestatarios, sin que se haya logrado avanzar un mínimo en la agenda democrática.
Estos antecedentes demuestran que el régimen no cambiará el sistema totalitario por mucho que se lo pidamos. De manera que no le queda otro remedio a la oposición que usar la fuerza del pueblo para arrancarle su libertad de las manos, siguiendo el pensamiento martiano: “Los derechos se arrancan, no se mendigan”.
No será por medio de la violencia como obtendremos la libertad, sino por medio de la movilización pacífica, pero firme, del pueblo cubano, que debe abrazar como método de lucha la desobediencia civil que dio la victoria a Mahatma Gandhi y a Martin Luther King, esto es, lanzarse a la calle pacíficamente para demandar sus derechos y pedir enérgicamente estos puntos mínimos, u otros similares:
Primero. La creación de una junta cívico militar de Salvación Nacional que disuelva el gobierno. Esta Junta no tendrá otros poderes más allá de los que aquí se enumeran y dejará al nuevo Congreso de la República, producto de elecciones libres y multipartidistas, la solución de los problemas que ha creado el sistema totalitario comunista. Este gobierno de transición no será un instrumento para imponer nuevas ideologías, concepciones políticas o soluciones unilaterales, ni podrá abrogarse el derecho de legislar o establecer leyes que no sean imprescindibles para garantizar el orden público y los derechos ciudadanos. Su función estará limitada a llevarnos a la reconstrucción democrática del país y a la restitución de todos los derechos y libertades suprimidas para poder garantizar la celebración de elecciones libres y multipartidistas lo más pronto posible.
Segundo. Que se libere a todos los presos políticos, se eliminen los cuerpos de represión política, se anule la constitución socialista y se ponga en vigor la de 1940, que devuelva a los ciudadanos todos sus derechos y libertades con las excepciones mínimas necesarias para que pueda operar un gobierno de transición con tiempo y poderes limitados.
Tercero. Que se entregue el poder al gobierno que resulte electo en elecciones democráticas y multipartidistas en el tiempo que la junta de salvación nacional y los partidos políticos hayan determinado previamente.
Lo demás es perder el tiempo.
Hiram González es ex preso político y luchó en la clandestinidad contra el régimen de Fidel Castro
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