La Unión Soviética, que fue la segunda potencia mundial, liberalizó su integración al mundo. Los rusos pueden ver hoy la abismal diferencia entre la calidad de vida de los ciudadanos con libertad política y la de los que vivían en la dictadura. Se pudo hacer por la crisis económica e implosión del comunismo y las nuevas ideas de la perestroika y el glasnost. La Unión Soviética se desmembró sorprendentemente sin derramar sangre.
Los países con libertad política entraron en crisis por el delirio del “Estado de Bienestar” (en Argentina tiene el nombre de “Justicialismo”), dirigista, dilapidador, corrupto, ineficiente, que restringió libertades y que está en quiebra. Hoy esperan que China los salve.
No perciben que China es un país social y políticamente inestable y que ellos, esos países, superarán la crisis si pueden reordenar el Estado precisándolo y limitándolo a sus funciones indelegables.
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