Dos años por “descargar” punk a la entrada de una iglesia ortodoxa, apenas un minuto de rezo-protesta. De nada valieron las denuncias internacionales, de Amnistía internacional y otros grupos de derechos humanos. En la Rusia autoritaria de Vladimir Putin, la Iglesia también es compañera de viaje.
La jueza Marina Syrova halló culpables este viernes a las tres integrantes del grupo Pussy Riot acusadas de un delito de “vandalismo motivado por odio religioso”.Los hechos se remontan al pasado 21 de febrero, cuando Nadezhda Tolokonnikova, Maria Aliojina y Ekaterina Samutsevich clamaron “¡Mierda sagrada! ¡Virgen María, llévate a Putin!” mientras bailaban con pasamontañas junto a otras dos integrantes de la banda que no fueron identificadas por el régimen.
Según la sentencia, las acusadas incurrieron en una “clara falta de respeto hacia los visitantes y a los sacerdotes del templo, humillaron y ofendieron profundamente los sentimientos y los referentes religiosos de los creyentes ortodoxos”.
“No se consideran culpables, no se arrepienten (...), califican sus acciones como una expresión política de forma artística”, ha subrayado la jueza a la hora de dar el veredicto.
Como ha dicho el disidente soviético Vladímir Bukovski, “vivimos en un mundo virtual, ellas apelaron a la Virgen y les respondió Madonna”.
Entre las figuras que claman a favor de la libertad de las tres mujeres se cuentan figuras del mundo musical de la talla de Paul McCartney, Sting, Björk y la propia Madonna.
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