Tanta comida por todos lados marea. Y la limpieza por todas partes resulta abrumadora. Manejar no tiene gracia, en Cuba era más entretenido. ¿Se imaginan lo que es conducir durante horas sin preocuparse por los constantes baches, o sin asfixiarse por el humo de los cacharros que pasan por el lado? O ver como todo aquí está diseñado en función del confort o la comodidad de las personas, de todas. Es una vida muy civilizada, lo que para mí resulta contrastante, después de 42 años en el platanal con alambre de púas de los Castro, a lo salvaje.
Ayer llamé y pude hablar con mi mamá. Me dijo que en el barrio estaban de lo más contentos porque acababa de entrar el pollo a la carnicería, esta vez toca a media libra por persona. También me comentó que Irma (el nombre no es real), la jefa del Comité de Defensa de la Revolución (CDR) de la cuadra, me manda saludos. Imagino que ya ustedes saben qué quiere decir eso. Se acabó la lucha ideológica, el combate al mercenario apátrida, al gusano... ahora la “compañera cederista” está luchando alguna medicina del “Imperio”, o que le hagan algún regalito de la “Yuma”. Ahorita la Sra. empieza a mandarme alguna cartica escondida, sin que sus compañeros sepan, y yo me veré en la obligación de hacerle llegar aunque sea un vestidito, o un frasco de Centrum.
Pero bueno, estoy contento porque mis compatriotas del barrio pudieron comer pollo, aunque hoy vuelva a tocarles el arroz con frijoles sin más.
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