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Chatarra

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Señor, ¿por qué trajiste a este mundo
Tantos seres hermosos y agraciados?
¿Con qué fin los creaste? ¿Por qué misión secreta?
¿Tal excusa de quiénes?
¿Por cuál imperativo?

Los ves despilfarrando los minutos del día
Con las caras ungidas
De un esmero infinito,
Clavando con sus carnes
Las puertas amparadas de los que por ser feos
No encontramos refugio.

Otras veces calientan fuegos de otros ardores,
Con sus pieles perfectas,
Y sus ojos bordeados de un reflejo indistinto,
Y la rutina en ellos es fortuita y holgada,
Y sus deseos, frases de oraciones tajantes.

Son entes que no huyen
Porque el mundo es su techo,
Ni se ocultan en huecos pululados de hormigas,
Fusionan los adverbios con mil cláusulas nuevas
Para hablar con fantasmas al despuntar la noche…

Yo que los siento a diario en sus celebraciones
Cual estatuas de piedra sin sonido ni eco,
Las lágrimas se asoman a mi cara ordinaria,
Y mi voz desgarrada se llena de inmundicia.

¡Son gente tan hermosa, tan sumamente limpia!
Seres formando tonos de impolutas misturas,
Seres que van en vía al paraíso eterno…

No se logra un espacio de feliz compostura
Cuando los feos lloran el color del espanto,
Mientras los bellos montan en su magnificencia
Caballos que cabalgan sus cuerpos a la gloria.

¡Gente hermosa, no hay dudas!
Donde no fue con fango que moldeaste sus vidas
Ni brotaron su huesos de un suspiro de aire:
Por eso, señor nuestro: creador de este mundo,
Que un lapso divino les dotaste existencia
Con tu soplo infinito.

Por el bien de nosotros
Los simplemente hechos,
¡Escóndelos!

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