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Del igualitarismo, la autojustificación y la diversidad

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Concurrido Boulevard de la calle Obispo, en La Habana Vieja, Cuba, el 15 de junio de 2013. AIN FOTO/Tony HERNÁNDEZ MENA/ogm

Y se podrá decir respecto al interminable tema cubano: «Bueno, pero allí hay gente débil, gente sedentaria, gente que no sabe ganarse la vida, gente que solo se mueve para marcar el ritmo… esa gente merece existir, esa gente merece seguridad, esa gente merece educación y salud gratuitas, no vamos a llenar mil barcos con ellos y hundirlos en alta mar, son así, pueden ser incluso mayoría, es lo que hay, son tan cubanos como cualquiera». Puede que todo eso suene muy bien, pero en nombre de la supuesta protección de los débiles y los sonsos –también los pícaros no son otra cosa que sonsos– no se puede matar, encarcelar, censurar, torturar, robar, desterrar, etc. a millones de personas que no son débiles ni sonsos, y menos durante casi 60 años.

O aceptamos la diversidad, el derecho a la diferencia, que no todos somos iguales y por tanto no podemos tener lo mismo ni disfrutar de lo mismo –y por tanto que el castrismo es intrínsecamente perverso y homicida precisamente a partir de su igualitarismo hipócrita–, o nos convertimos de una manera u otra en cómplices de la discriminación y el terrorismo de Estado en Cuba.

Por otra parte, cabe comprender a muchas personas, que se «profesionalizaron» en la Cuba castrista, cuando idealizan ese pasado residiendo ya fuera de la Isla (pasado que es el pasado de un sistema impresentable, por desgracia, ¿pero qué culpa tienen ellos de ciertas coincidencias?). Es humano y lógico que, psicológicamente hablando, el sapiens defienda su pasado, su historial de decisiones. De hecho, la historia del hombre es la historia de la autojustificación. Incluso, el individuo es capaz de fabricar y «habitar» toda una realidad paralela, imaginaria, solo para justificarse a sí mismo.

En cualquier caso yo, solo para mí, sigo insistiendo en que entre el pasado y el futuro tenemos este luminoso presente. Zen. Todo el mundo se equivoca, mas solo el presente puede justificarnos.

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